LA VIDA EMPIEZA HOY: Sexo y humor en la tercera edad

¿Por qué el envejecimiento se asocia con la ausencia de sexo?
Una anciana obsesionada con la muerte, hipocondríaca, sorda, que decide separarse del marido aunque éste murió hace años; un hombre con disfunción eréctil provocado por el estrés de la jubilación, lleno de frustraciones; una mujer tímida, glotona, atosigada por su hija;… Es parte del grupo de hombres y mujeres, de la tercera edad, que asisten semanalmente a clases de sexo, dónde comparten deseos y preocupaciones.
La sexualidad pasa por diferentes etapas a lo largo de nuestra vida; en la infancia, la adolescencia, la madurez y la vejez; pero en todas hay un aspecto que se repite constantemente los SENTIDOS. Hay una frase que me encanta recordar y repetir que hace alusión a éste aspecto, somos seres sexuales desde que nacemos hasta que morimos porque el sexo está en consonancia con nuestras sensaciones y nunca dejamos de sentir.
Es cierto que en la tercera edad aparece más acentuada la soledad, existe más libertad y a la vez inactividad, se han de asumir nuevos roles, aparecen crisis, miedos, sentimientos de inutilidad y sobretodo incertidumbre. ¿Con qué, o en qué, ocuparé mi tiempo? Y creo que ahí tenemos la clave.
En edad “activa”, “productiva” carecemos de algo primordial que sí tiene ésta etapa adulta el TIEMPO, tiempo para descubrir o redescubrir lo que dejamos u olvidamos que nos gustaba, precisamente por correr en el tiempo.
En esta etapa las sensaciones no cesan, no se jubilan, permanecen con nosotros y la sexualidad ha de coger mayor peso en la calidad y no tanto en la cantidad, redefinir las relaciones sexuales y afectivas y adquirir mayor énfasis en nuestra INTIMIDAD.
Como en todas las etapas de nuestra vida, hemos de vivir, sentir, atrevernos y disfrutar de los placeres, sobretodo en la llamada tercera edad, porque tengamos la edad que tengamos debemos tener proyectos de vida, ilusiones, deseos y principalmente querernos, a nosotros mismos, y ello implica pasar por la “temida” SEXUALIDAD.
Mireya Larin
Psicóloga