Las emociones en el proceso de duelo.

 

 

El duelo es un proceso que experimentamos tras una pérdida significativa de una relación importante que nos une a alguien o algo. Es una reacción conocida y experimentada por todos los seres humanos. Sin embargo, a veces las emociones que van unidas a este proceso son socialmente inhibidas e ignoradas.

Cuando sufrimos una pérdida significativa en nuestra vida son muchas las manifestaciones del duelo, a diferentes niveles: físico (cuerpo, salud…), cognitivo (pensamiento), comportamental (acción), y emocional (cómo nos sentimos).

Las emociones.

Desde niñas nos enseñan desde diferentes ámbitos de socialización a pensar y a actuar, pero normalmente no recibimos formación sobre cómo entender nuestro universo emocional, con más o menos dificultad lo iremos desarrollando de una forma más bien autodidacta.

Este trabajo personal de ser conscientes de nuestras emociones, sentimientos, de conectar con ellos y de poder gestionarlos, va a tener un peso importante a la hora de enfrentarnos a un proceso de elaboración de una pérdida o cualquier otra crisis vital.

En los momentos de pérdidas, identificar y poner nombre a nuestras emociones y sentimientos nos ayuda a entender mejor lo que experimentamos y encontramos mayor sentido a lo que nos ocurre.

Duelo y emociones.

A lo largo del proceso de duelo podemos sentir rabia, enfado, culpa, impotencia, desesperación, ansiedad, bloqueo, alivio, miedo, tristeza, vergüenza, insensibilidad, etc. y todas ellas pueden ser manifestaciones del duelo no complicado. En cualquier caso, cada persona tendrá su forma única de manifestar emocionalmente su duelo.

Las emociones en este proceso pueden tener una función adaptativa:

  • Miedo: Anticipar y protegerse ante posibles retos y amenazas futuras en ausencia del ser querido.
  • Rabia: Proporcionar energía para cambios en el presente.
  • Tristeza: Pedir ayuda, resolver asuntos inconclusos, buscar significados.

Es importante tener en cuenta que el precio por no sentir el dolor del duelo, es también el cerrarse la posibilidad de experimentar los cambios necesarios para poder volver a vivir la vida con plenitud.