Las pérdidas cotidianas.

La vida es un constante fluir de experiencias, emociones y necesidades a las que inevitablemente tenemos que ir adaptándonos. La muerte de un ser querido, la pérdida de empleo, un traslado de domicilio, la pérdida de objetos amados por robo o incendio, tantos y tantos cambios que se suceden en nuestras vidas y forman parte de nuestro ciclo vital.

La vida de cada una de nosotras, es un continuo de pérdidas y separaciones. Nos enfrentamos a constantes cambios que suponen un suceder de ganancias y pérdidas El dolor que suponen estas pérdidas, es parte de nuestra condición humana.

La vida por lo tanto, es un duelo constante, ya que el duelo es el proceso natural que se sigue después de una pérdida significativa, bien sea de una persona, una relación, un objeto o una situación.

La cultura de la permanencia.

Sin embargo, en general, no nos han preparado para los cambios, ni nos han enseñado a procesar las pérdidas. Paradójicamente nos educan para la búsqueda constante de la “estabilidad”. Aspiramos a tener “garantías” de que todo permanecerá igual, que será estable y seguro.

En nuestra cultura se tiende a huir de todo lo que huela a pérdidas. Sin embargo, están por todas partes. No son elección, pero sí condición de vida. La vida está llena de incertidumbre y cambios, de tal modo que podemos sentir el choque que se produce entre la realidad inestable y nuestras expectativas de permanencia.

Según el psicólogo Xavier Guix, el indicativo más claro de la madurez, tanto personal como también de una sociedad, es la capacidad de transitar por sus pérdidas, el saberse vulnerable y sostenerse en el dolor propio. Lo que indica precisamente el nivel de inmadurez al que asistimos a diario en nuestra cultura, es su extraordinaria forma de tapar, distraer, encubrir o negar todo lo que signifique dolor.

Cómo gestionar las pérdidas.

Algunas ideas para empezar a aceptar y gestionar las pérdidas son las siguientes:

  • Identifica tus estrategias de afrontamiento ante las perdidas. En primer lugar es importante tener presente las pérdidas que hemos vivido a lo largo de nuestra vida y analizar las estrategias de afrontamiento que hemos utilizado para hacer frente al duelo. A grandes rasgos, podemos tomar dos estilos de afrontamiento ante el duelo:
    • Evitación: ignorar, reemplazar, hacernos la fuerte, negar sentimientos, ocuparnos con actividad.
    • Aceptación: compartir, expresar, darnos tiempo y permiso. Si una vez hayas analizado tus pérdidas, constatas que predominan las conductas de evitación, sería importante plantearte algún cambio en tu manera de hacer frente a las pérdidas.
  • Permítete la emoción.
    En cada etapa de nuestra vida nos enfrentamos a pérdidas de diferentes formas e intensidad y cada pérdida supone la aparición de la emoción básica de la tristeza. Sufrir no es lo deseable, pero forma parte del proceso cuando estamos atravesando una crisis, es importante permitirnos la emoción.
  • Busca ayuda y comparte la tristeza.
    No te niegues la posibilidad de pedir ayuda. Las pérdidas pueden ser momentos delicados en los que poder compartir tus emociones con tus allegados o con un profesional puede suponer un gran alivio.

No llores porque las cosas hayan terminado, sonríe porque han existido”

C.E. Bordakian.