Las personas cambian?

 

 

 

 

 

Uno de los objetivos que mueven a las personas a iniciar un proceso de terapia es el deseo cambio. La mayor parte de nuestros clientes quieren trabajar algún aspecto de su forma de ser que les incomoda o les genera malestar. Llegan a terapia tras numerosos intentos fallidos de solucionar un tema, con una mochila cargada de dolor y frustración.

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Ese sentimiento de impotencia genera expresiones del tipo: “No puedo cambiar”, “las personas nunca cambian”, “yo soy así”… son exclamaciones que reflejan el deseo frustrado de transformación pero no la realidad. Por otro lado, no creer en el propio cambio también puede aportar beneficios a corto plazo (aunque no a medio/largo plazo). El “no hacer” o la incapacidad para modificar algo que nos agobia pueden ser actitudes aprendidas a base de años que se mantienen porque aportan algún beneficio secundario: por ejemplo, si no cambio me protejo de la dura tarea que supone aprender algo nuevo, no cambio porque tengo miedo de equivocarme, temor a lo nuevo…

Somos quienes somos por nuestra personalidad y ésta es el resultado de la herencia, pero también del ambiente (todo aquello que nos rodea personas, las situaciones, los lugares, los sucesos, la cultura, etcétera). Construimos una manera de ser y aprendemos a pensar, a sentir y a actuar de una forma determinada, todo ello como consecuencia de millones de interacciones que van marcando unos aprendizajes que se consolidan a base de tiempo y repetición. Somos la construcción de nuestra realidad, con unos pilares difíciles de mover pero con estructuras moldeables.

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Por lo tanto, las personas sí que podemos transformar algunos aspectos de nuestro carácter, pero para que eso se produzca y, además, para que ese cambio sea sano, primero debes ser TÚ quien decida qué es lo que te incomoda y que pienses sobre la motivación que te lleva a plantearte dicho cambio. Reflexiona sobre la necesidad de cambio. Prueba a identificar y ser consciente de aquello que te incomoda. Aprovecha la crisis como oportunidad de cambio. No sirve de nada que te digan que debes cambiar si tú no crees necesitar ese cambio. Tómate tu tiempo para comprender la necesidad de modificar algo en tu manera de ser. Lo haces por ti o por los demás? A veces los demás intentan ahorrarnos sufrimiento y nos sugieren cambios que pueden ser muy comprensibles pero lo esencial es que si te planteas dicho propósito algo lo hagas por ti (motivación interna).

Claro que se puede cambiar, pero no siempre es necesario. A veces nos empeñamos en modificar algo que en realidad se solventaría aceptándolo. La aceptación de nuestro ser nos permite liberarnos de ese juicio al que lamentablemente nos acostumbramos: debería ser más sociable, quizás sea demasiado exigente…. Qué tal si te aceptas como eres? Desde la aceptación es más fácil romper con la resistencia que genera la autocrítica. Si eres de una forma determinada quizás en su momento te sirvió para protegerte de algo. Comprende tu forma de ser y acompáñate de forma amorosa en tu crecimiento como ser humano.

El último paso, tras identificar, tomar consciencia de lo que nos genera malestar y comprender desde la aceptación nuestra dificultad es pasar a la acción. Tus neuronas han generado millones de conexiones en tu cerebro que no te harán fácil el cambio, por eso debes entender que reaprender es un proceso que requerirá de paciencia y tolerancia con uno mismo. La psicoterapia puede ser una buena herramienta. Plantéate pequeños objetivos que tracen tu meta y no olvides que la crítica y el juicio severos no te facilitarán el cambio, al contrario, el camino se hará más inclinado. Se aprende mejor desde el amor incondicional hacia uno mismo, valórate por encima de los resultados. Nadie llega a la cima del Everest por casualidad… pero, llegues o no, no olvides que tu valor será siempre incuestionable.

“Se necesita coraje para crecer y convertirte en la persona que eres”

E.E. CUMMINGS

coraje cummings