¿Las personas optimistas son más felices?

 

 

Muchas personas esperan que el futuro sea mejor que el pasado y que el presente. Se trata de nuestra tendencia a sobreestimar la probabilidad de experimentar situaciones positivas y subestimar las posibilidades de experimentar situaciones negativas: el optimismo.

¿Optimismo o pesimismo?

La diferencia entre optimismo y pesimismo no es más que una cuestión de actitud. Hay personas que creen que pensar en positivo es estar ciego ante la realidad y que el pesimismo, en consecuencia, supone una posición intelectual superior y más adecuada a la optimista.

Desde esta perspectiva, el secreto de la felicidad es tener bajas expectativas. Si no tenemos expectativas positivas, si no esperamos encontrar la salud, el amor y la autorrealización, entonces no vamos a decepcionarnos si estas cosas no suceden. Y si no nos decepcionamos cuando no lleguen las cosas buenas, y estamos agradablemente sorprendidos cuando suceden, seremos felices. Desde esta perspectiva también se puede creer que tan sólo los pesimistas serían capaces de transformar el mundo, frente a los optimistas, que, además de ser unos ingenuos, están satisfechos y se conforman con lo que hay, incapaces de rebelarse ante las injusticias.

Pero, ¿qué sería de nosotros si no confiamos en que los tiempos futuros nos traerán alegrías? Según la neurocientífica Tali Sharot subestimamos la posibilidad de sufrir cáncer o de tener un accidente automovilístico, pero sobreestimamos nuestra longevidad, nuestras posibilidades laborales. En general, parece que las personas somos más optimistas que realistas

Contrariamente a la perspectiva expuesta anteriormente, según Sharot los estudios muestran que los optimistas son más felices y que cuando las cosas no salen como esperaban, encuentran una razón y siguen teniendo expectativas positivas.

Conclusión.

Existen las pérdidas, los duelos, las enfermedades, la muerte, las decepciones y las injusticias y nadie puede evitar, por muy optimista que sea, el sufrimiento y las penas que nos aparecen durante nuestro ciclo vital. Pero la mayor parte de nosotros estamos capacitados para convertir las crisis en oportunidades, las dificultades en posibilidades; para afrontar de forma positiva, con optimismo inteligente, las situaciones adversas, para dotarlas de sentido, para vivirlas más como retos y desafíos más que como amenazas o fracasos irreparables, para enfrentarlas o esquivarlas, o para reducir su nivel de impacto psicológico.