Levantar murallas

– No sé qué me pasa con las parejas. Siempre atraigo al mismo tipo de personas, parecen ser una cosa y luego me acabo llevando decepciones y dolor. ¿Por qué no se me acercan personas diferentes?
– La verdad es que hay muchas explicaciones posibles. Necesitaría más información o daré palos de ciego.
– Al principio parecen personas seguras, fuertes, pero acabo sintiendo que me sacan toda la energía, que se aprovechan de mi. ¡Es todo lo contrario de lo que prometían al principio!
– O de lo que tú pensabas que ellos prometían.
– Eso es palabrería de psicólogos. No te andes por las ramas y explícame algo que no me culpabilice.
– De acuerdo. Supongo que podríamos definir el comportamiento de estas parejas como conquistadores, ¿correcto?
– Podría decirse, sí, prometían mucho…
– Tal vez te sirva una comparación histórica. Durante siglos las ciudades tenían que progerse de los ejercitos conquistadores y para ello, como no podían mover las ciudades ni abandonarlas, construían murallas para dificultar la conquista. Las murallas crecían de tamaño cada vez que un ejercito conquistaba la ciudad.
– ¿Porque si ellos la habían conquistado pensaban que cualquier otro podría conquistarla y reforzaban los puntos débiles?
– La verdad es que los ejercitos conquistadores se movían por un principio más básico. El saqueo. Primero sitiaban la ciudad, evidentemente aquellas ciudades con murallas más altas era que prometía tener más riquezas que proteger. Con otras ciudades que no tenían murallas pactaban, me imagino yo. Luego atacaban incesantemente desde todos los flancos imaginables hasta vencer la resistencia. Cuando ya estaban dentro mataban y violaban, saqueaban las riquezas y se marchaban, dejando unos pocos supervivientes que habían logrado escapar. Cuando los supervivientes se reunían, ¿sabes qué decidían?
– No.
– Levantar unas murallas más fuertes que las anteriores para poder resistir mejor.
– Ah. A ver si te he captado bien. Yo sería la ciudad. Y cada uno de las parejas que he tenido son los diferentes ejercitos conquistadores, que cuando entran saquean. ¿Sí?
– Haces una lectura interesante de mi historia. La pregunta que te haría es por qué no se acercan personas no conquistadoras.
– No tengo ni puñetera idea.
– Vale, imaginate que tú te acercases a una ciudad fuertemente amurallada con un pequeño ejercito. Tu intención no es saquearla, pero la ciudad no lo sabe, y cuando ve los estandartes de tu ejercito cierra puertas y dispone toda su artillería en las murallas. ¿Qué pasaría por tu cabeza?
– Que no vale la pena, que seguramente perderé haga lo que haga y que esa ciudad está fuera de mi alcance. Me iría a buscar ciudades menos defensivas…
– Veo que esto te ha hecho pensar.