Liberarse a través del perdón.

 

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En los artículos anteriores escribí sobre la importancia de elaborar las heridas y de conectar con los aprendizajes que nos conlleva su paso por ellas.

A lo mejor después de esta liberación podrás ir hacia el perdón. Perdonar es avanzar pacientemente por un camino compuesto de etapas como:

  • Decidir no vengarse y acabar con las actividades ofensivas.
  • Aceptar el hecho que has recibido una herida.
  • Ser consciente de lo que has perdido (la confianza en ti, confianza en el otro, por ejemplo) para aceptarlo.
  • Aceptar tus emociones (rabia, tristeza, miedo)
  • Comenzar a comprender a tu ofensor.
  • Dar un sentido a lo sucedido.
  • Girar página.

¿Qué es perdonar?

Perdonar no es olvidar la falta cometida. No se puede deshacer la falta de un plumazo, perdonar no es una especie de amnesia que nos hace comportarnos como si nada hubiera pasado.

Perdonar tampoco es renunciar a nuestros derechos. Perdonar no significa negociar nuestros principios y valores. Uno puede dejar de odiar a alguien y aún así seguir defendiendo los derechos personales frente a ese individuo en cuestión.

¿Qué es entonces? Es recordar sin odio, es extinguir el rencor y eliminar los deseos de venganza. Es hacer el duelo al resentimiento y a la perdida que acarrea el conflicto. Implica enfrentarnos a nuestros enemigos sin odiarlos y movidos básicamente por la convicción. De esto se trata el perdón, un proceso interno que nos confiere tranquilidad y paz interior.