Los buenos tratos.

Los buenos tratos durante la infancia aseguran el correcto desarrollo de niños y niñas y constituyen la base del equilibrio mental de estos futuros adultos. La base de estos buenos tratos será la capacidad de padres y madres para atender y satisfacer las necesidades infantiles de cuidado, afecto, respeto, empatía, etc.

Según Jorge Barudy, esta competencia de madres y padres permite a las niñas y niños crecer con un apego seguro, con una sólida autoestima y capaces de tratar a su vez bien a los demás. Por lo tanto, los buenos tratos nos pueden permitir romper el círculo vicioso de la violencia que puede llegar a transmitirse de generación en generación.

Los buenos tratos incluyen los cuidados de las necesidades básicas y emocionales, la validación emocional, el respeto y la individualidad, el amor incondicional, los límites y el juego. Mediante estos buenos tratos, la niña o niño ira adquiriendo una sólida autoestima y por lo tanto será la base de su equilibrio mental.

 Pero no solo las madres y padres ejercen el papel de tutores de resiliencia. También otras profesionales y agentes sociales como profesoras, trabajadoras sociales, psicólogas mediante la paciencia, la comprensión y el buen trato pueden reparar muchos daños y devolver a los niños su capacidad de resiliencia y confianza en el mundo.

Una de las consecuencias más frecuentes de la experiencia de malos tratos en los niños es la pérdida de la confianza, la sensación permanente de tener que cuidarse y protegerse de los otros, en definitiva, el creer que no hay nadie disponible y con buena intención. Por eso, absolutamente todas las personas, podemos convertirnos en nuestros ámbitos de actuación, en tutores y tutoras de resiliencia y dar la oportunidad a estas personas de generar vínculos seguros de confianza.