Los sorprendentes efectos del Shinrin-Yoku

Hace años que la comunidad científica se está interesando por los efectos fisiológicos y psicológicos del contacto con la naturaleza. Muchos nos hemos sentido mejor después de pasar un fin de semana en la montaña; solemos decir “he podido desconectar”. Pero, ¿y si hubiera algo más? ¿Y si no se tratara de desconectar sino de reconectar?

Varios estudios demuestran que el Shirin-Yoku, concepto japonés que se podría traducir como “baño de bosque” tiene efectos muy beneficiosos para nuestra salud física y psicológica. Por un lado, se produce una reducción de los niveles de cortisol, la llamada “hormona del estrés”. Esta hormona, útil en momentos en que debemos hacer frente alguna demanda, se nos puede girar en contra si no se reducen sus niveles para volver a un estado de calma y restauración. Los niveles elevados de cortisol basal se relacionan no sólo con el estrés psicológico sino también con procesos inflamatorios a nivel físico que se encuentran en la base de múltiples patologías físicas.

Por otro lado, también se ha demostrado que los baños de bosque contribuyen a mejorar el sistema inmunitario, en relación a un aumento de las células NK (un tipo de glóbulos blancos que pueden atacar y matar células no deseadas como las tumorales) y un aumento de proteínas anticancerígenas.

Los resultados de dichos estudios señalan que con sólo un día de práctica del Sjinrin-Yoku, los efectos se mantienen durante una semana; aumentándose este efecto a 30 días si pasamos 3 días y dos noches en el bosque.

Existen ciertas indicaciones para que se produzcan estos efectos, tanto en relación al tipo de bosque como a nuestra actitud ante la experiencia. Los bosques frondosos, con gran densidad de árboles, son mejores para el baño de bosque, porque en ellos existe una mayor concentración en el aire de los elementos que se han relacionado con dichos beneficios, como las fitoncidas (los aceites naturales que los árboles segregan para protegerse de insectos, hongos y bacterias).

En cuanto a nuestra actitud ante la experiencia, realizar la actividad en silencio, caminando lentamente en conciencia plena a todos nuestros sentidos, es fundamental para poder beneficiarnos al máximo de la experiencia.