Masturbación: haz el amor contigo

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A menudo, los problemas sexuales con los que me encuentro en consulta tienen orígenes muy diversos. Cada caso es un mundo, y es por ello por lo que se tiene que ajustar cada terapia a cada paciente concreto, tal cual como si estuviéramos haciendo un traje a medida para él o para ella.

Pero lo que es cierto es que cuando exploramos con el paciente su relación con la sexualidad, empezamos a ver dos elementos principales:

  • La falta de educación sexual
  • El “mal uso de la masturbación”

Son dos elementos que están relacionados entre sí, por supuesto. Y que están en la base de una gran parte de las terapias que llevo a cabo. Al final, el trabajo de una psicóloga experta en sexología es casi el de una educadora en el ámbito sexual, ya que, por desgracia, las políticas de educación sexual siguen siendo, en pleno s. XXI, muy deficientes.

Masturbación: ¿para qué?

Es posible que jamás te hayas planteado para qué te masturbas. Si lo piensas, quizá podrías darme algunas razones: para relajarme, para dormir mejor, para desahogarme, para descargar antes de una primera cita, para pasármelo bien…

Son razones muy lícitas, pero nos dejamos la que es más importante desde el punto de vista psicológico: “para disfrutar conmigo mismo/a” o “para darme un regalo”. Es decir, entendemos la masturbación muy a menudo como un hecho fisiológico, que sí, que es divertido y que nos relaja, pero no lo entendemos como algo que nos puede hacer estar mejor con nosotros mismos, como algo que alimente mi autoestima, como un regalo única y exclusivamente para mi.

Y ahí radica la clave del elemento “mal uso de la masturbación”. Como no le damos importancia a la masturbación, no somos capaces de conocernos mejor, que es una de las cosas que nos permite el humilde acto del onanismo. Si no nos conocemos bien, ¿cómo podemos disfrutar bien del sexo en pareja?

Haz el amor contigo: el secreto de la masturbación

Si te pregunto “¿para qué tienes relaciones sexuales?”, lo más probable es que me respondas algo así como: para pasármelo bien, para disfrutar con una persona a la que quiero, para hacer disfrutar al otro, para desahogarme, para solucionar conflictos de pareja…

Igual que antes, hay muchas respuestas a esta pregunta. Pero la mayoría tienen que ver con el disfrute propio y del otro. Es decir, entendemos que cuando “hacemos el amor” vamos a disfrutar de algo más que el simple hecho de “desahogarnos”, vamos a compartir una experiencia con otro u otra, vamos a disfrutar y a hacer disfrutar.

¿Por qué no hacemos lo mismo con la masturbación? Es decir, imagina que en vez de masturbarte “porque me apetece”, te masturbas “porque me quiero”. No es lo mismo. Hacer el amor con uno mismo es un arte que, como hacerlo con otro, requiere paciencia, conocimiento y entrega. Con la suerte de saber que con la masturbación no te vas a decepcionar a ti mismo, porque sabes que, si quieres, puedes llegar al orgasmo y acabar como siempre.

Así que, ¿por qué no probarlo?

Haz el amor contigo, acaríciate, dedícate un tiempo a los preliminares contigo mismo/a, excítate poco a poco, no quieras pasar de 0 a 100 en un segundo. Date tiempo para disfrutar de tus manos, de tus dedos, de tus necesidades y tus deseos. Pregúntate qué es lo que te apetece, qué es lo que te gusta. Descúbrete, poco a poco, sin prisa. Juega contigo, déjate a medias y retoma la masturbación al cabo de un rato, verás cómo se intensifican las sensaciones.

Innova. No hagas siempre lo mismo, complácete igual que complacerías a tu pareja, utiliza algún juguete erótico. O simplemente cambia el sitio donde te masturbas (si siempre lo haces en la cama, prueba a hacerlo en la bañera, en el sofá, en la cocina…). O cambia tus inspiraciones: si siempre te masturbas viendo una porno, hazlo sólo con tu imaginación, o con fotos eróticas, o con un chat erótico, o leyendo una buena novela del género…

Las posibilidades son enormes, y seguro que, si lo piensas, siempre te masturbas de la misma manera o muy parecido. ¿Así cómo va a reaccionar tu cuerpo a las novedades en el terreno sexual? Si nos acostumbramos a conseguir el placer siempre de la misma manera después no podremos aceptar (o nos costará mucho) que venga de otra.

Así que ya sabes, hazte el amor, disfrútate, ámate, quiérete, descúbrete y, sobretodo, pásalo muy bien.