Mi hijo pequeño vive mal la separación.

MI hijo pequeño de tres años vive mal la separación cuando le dejo en el colegio.

La tristeza ante la separación de una persona que quieres es una emoción sana y en coherencia con el contexto. Y es importante acogerla, respetarla y ayudar a en lo posible a disminuirla.

Si tú como adulto a veces te cuesta despedirte, ¿cómo no le va a ser difícil para un niñ@ pequeñ@?

He utilizado diferentes estrategias para separarnos, algunos han funcionada y han sido útiles durante un tiempo y otras no tanto. Por ejemplo; dejar que llore en mi hombro y acariciarle; dejarle una foto mía y decirle que podía mirarla o hablarle si lo necesitaba; normalizar su tristeza y hacer explícito que yo también me entristecía ante la separación y para consolarme y tranquilizarme pensaba en actividades que habíamos hecho juntos; Negociar en casa propuestas para la despedida; preguntarle si quería o necesitaba que le consolara la profesora y si decía que sí pedírselo a ella; Meterle (metafóricamente) besos en los bolsillos; estar un rato en la clase con él hasta que se relajaba y se quedaba tranquilo…

No son recomendables varias cosas:

  • Una actividad que no he hecho nunca y no recomiendo por la salud emocional del niñ@ es irse de la sala sin despedirse en un momento de distracción de éste. Ya que, en el momento que es consciente que te has ido (cuando ha bajado la guardia) supone una sensación de angustia mayor o quizá sensación de abandono, ya que su progenitor puede desaparecer en cualquier momento sin que se dé cuenta o si se despista. Esto puede empeorar las futuras despedidas .
  • Mentirle. Por ejemplo Decirle que vuelves en un minuto; que estás detrás de la puerta, que te puede llamar (si no es cierto)….

 

La que nos está funcionando desde hace unos meses es leer en casa el cuento “LA MAMA ARA VE….” (Mama ahora viene). De Zaza Pinson y Laure Monloubou. Editorial Takatuka.

 

Sí que tengo que decir que ante la descripción de la madre “como mujer despistada” la trasformo en “a veces se despista cosas”. Ya que no estoy de acuerdo con las etiquetas.

A veces la madre se despista las llaves en la cerradura, otras veces el monedero en el horno , el paraguas e n casa el día de lluvia, la comida en el horno

 

 

 

 

La niña oye un día en un supermercado que un niño se había perdido y avisaban a la madre que el menor estaba en la caja esperándole. Y construye en ese momento un miedo terrible a que su madre se olvide de ella en el colegio.

 

 

 

 

Desde el primer día percibí el efecto del poder del cuento (ya suele pasar que un cuento tiene un gran poder terapéutico. Esto suele darse porque el mensaje entra por el hemisferio derecho, sin juicios…). Quiso seguidamente que se lo leyera tres veces más.

 

 

 

Y al día siguiente cuando a las 9 de la mañana, me agaché y le dije lo que hago cada día, “T’estimo.

Dessitjo que t’ho passis molt be” (Te quiero .Deseo que te lo pases muy Bien), me dijo tranquilamente “yo también. Adeu” y entró en la clase sonriendo tranquilamente. Reconozco que me quedé maravillosamente sorprendida. Hay libros que trasforman. Y este es uno de ellos.

 

Muchos de los otros días o noches posteriores (le leo un cuento para ir a dormir), elegía este libro para que se lo volviera a leer. Una, dos o tres veces más.

Quizá este recurso dure un tiempo, pero hasta entonces me ha sido muy útil.

 

Eva Aguilar

Psicóloga sanitaria, psicoterapeuta individual, de pareja y sexual