El mito del amor romántico.

 

Tal y como comenté en el último artículo publicado, en las sociedades occidentales, el amor romántico se suele presentar mediante el tópico de las dos mitades que se buscan la una a la otra para hallar la plenitud.

Es un mito que se remonta a Platón y la mitología griega, los amantes perfectos estaban unidos y fueron divididos en dos. El amor, por lo tanto, es el deseo de cada una de esas partes de encontrar a la que ha perdido.

Este mito del amor romántico pervive en nuestra cultura, lo podemos comprobar en la música y las películas, y a su vez, influye en nuestra identidad social. Es decir, las ideas construidas socialmente del amor romántico y el matrimonio son parte integrante de nuestro yo. Empiezan en la primera infancia y pueden perdurar a lo largo de la adolescencia y la edad adulta.

Amar es sufrir

En muchas de las historias de amor de la literatura, la música y el cine, se percibe una preferencia los amores imposibles, prohibidos, complicados o tormentosos. De esta manera, el amor basado en el respeto, la aceptación y la tranquilidad se convierte en invisible, en poco deseable.

Debemos tener en cuenta que las relaciones más saludables son las que nos hacen sentir bien y ayudan a preservar nuestra autonomía como personas. Si una relación de forma reiterada, nos hace sentir mal, no es una relación saludable, por mucha pasión que haya en ella.

Consecuencias.

Las consecuencias que pueden derivar de estas creencias sobre el amor y las relaciones es que consciente o inconscientemente, desarrollamos expectativas sobre nuestras relaciones amorosas e intentamos hacerlas realidad. En algunas ocasiones, en ese empeño de autorrealizarnos en el ámbito amoroso, podemos permitir o relativizar actitudes de abuso, maltrato y control, en aras de preservar la relación amorosa.

Está claro que todas estamos influenciadas por las creencias, estereotipos y construcciones sociales referentes al amor y a las relaciones, pero si podemos hacer un ejercicio de relativización y flexibilidad de estas ideas tan interiorizadas, podremos empezar a tener expectativas más realistas de las relaciones y, con ello, vivirlas de una manera más sana y equilibrada.