El mito de los celos.

 

En publicaciones anteriores he escrito sobre los mitos del amor romántico. En esta ocasión, vamos a profundizar en uno de estos mitos, el mito de los celos.

Los celos constituyen un sentimiento de malestar causado por la certeza, la sospecha o el temor de que la persona querida, a quien se desea en exclusiva, prefiera y vuelque su afecto en una tercera persona. Por lo tanto, los celos se pueden entender tanto como una emoción como un conjunto de pensamientos e ideas.

¿Los celos son amor?

En general, nuestro bagaje cultural y social considera los celos como un resultado inevitable del acto de amar. No obstante, podemos entender los celos como una expresión emocional del miedo a la pérdida o al abandono. Los celos no tienen nada que ver con el amor, sino más bien con nuestra autoestima, con la seguridad y confianza en nosotras mismas.

Celos vs. Confianza.

Los celos, pueden acabar desembocando en un control constante hacia la pareja, para precisamente, evitar el malestar que puede producir lanzarse de cabeza al gran riesgo y miedo que implica amar, que es el de perder al ser querido. En toda relación, corremos el riesgo de que un día esa persona escoja libremente salir de nuestras vidas. El amor, por lo tanto, es tomar un riesgo y también una actitud de confianza hacia mi misma y mi pareja.

Está claro que para una persona con buena autoestima le resulta más fácil correr ese riesgo. De manera inconsciente, una persona con buena autoestima se cree merecedora de ese amor, y por lo tanto, disminuye su miedo al abandono, por otra parte, también puede lidiar mejor ante la idea de vivir sin pareja.

Las personas con baja autoestima, por otro lado, tienden a fusionarse con su pareja, temen que ésta les abandone porque no confían en sus cualidades. En estas personas es más probable que surjan los celos surgen ante el temor al abandono.

Lo interesante a la hora de abordar el problema de los celos, siempre teniendo en cuenta que estos son infundados, es preguntarnos qué está pasando en nuestro interior, de esta manera podremos resolverlos. Si la mirada está puesta hacia dentro, sin duda encontraremos una salida. Si evitamos nuestra responsabilidad y tendemos a culpar al otro de nuestro sentimiento, será más complicado poder resolver y gestionar este sentimiento.