Un mundo complejo, cultivo para los conspiranoicos

Hay poderes desconocidos que mueven el mundo. Son el verdadero gobierno de nuestras naciones. O esto es lo que creen los conspiranoicos, un nuevo fenómeno psicológico y social que parece ser que está en alza, o al menos es más visible.

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Los conspiranoicos creen en teorías difícilmente demostrables sobre los hilos que mueven el mundo, y esta interpretación cognitiva distorsionada hace que vean la vida tras un cristal que da segundas intenciones a todo lo que sucede. Son personas con tendencia a obsesionarse y tener conductas compulsivas, son autodidactas (investigan y desarrollan por su cuenta) y son capaces de memorizar hasta los más nimios detalles para dar veracidad a sus teorías. Son personas poco flexibles, no están dispuestos a dejarse convencer ni a cuestionarse sus ideas. Normalmente reaccionan agresivamente o desaparecen cuando alguien intenta dialogar y, en el extremo, pueden llegar a desarrollar verdadera paranoia. Hay personas que pueden alejarse de familiares y amigos porque creen que también están compinchados con el ‘loa otros’. Aunque pueda parecer gracioso, puede ser peligroso y llegar a trastornar severamente la salud mental de una persona.

Al contrario de lo que se suele pensar, las personas conspiranoicas no son críticas, ya que no están dispuestas a modificar ningún pensamiento sean cuales sean los argumentos, así que van limitando su círculo a personas que comparten sus ideas y no les discuten de forma que refuerzan sus teorías.

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¿Por qué está sucediendo esto? ¿Qué motivo social lo explica? Sabemos que vivimos en un mundo complejo y superconectado, con tanta información que puede resultarnos confuso y agobiante. Tener teorías conspirativas parece simplificar y dar sentido: luz y oscuridad, los buenos y los malos, lo secreto y lo oficial. Personas que necesitan seguridad y tienen tendencias ansiosas ante la sociedad pueden caer en este esquema simplificador.

Es cierto que algunas teorías pueden contener trazas de realidad, pero mantener nuestra autonomía y sentido crítico es esencial para mantener nuestra mente sana. Dejarse influir en exceso por alarmismos y oscurantismos puede ser peligroso para nuestro equilibrio emocional.