"Ningún lugar está lejos"

El otro día hablando con una persona que se acaba de trasladar aquí a Catalunya y confrontando las dificultades que solo quien alguna vez ha cambiado de país logra entender con una sola mirada, me acordé de uno de los libros que marcaron el concepto que hoy en día tengo del amor.

Esta persona no entendía como habiendo elegido ella el hecho de trasladarse lo estuviese pasando tan mal.

Cambiar de país, aunque uno lo elije libremente, es un duelo: te tienes que enfrentar con el sentimiento de soledad, con la nostalgia, con la perdida de la cercanía de tu familia y tus amigos de toda la vida…los primeros tiempos echas de menos hasta lo que de tu país odiabas y todo esto mezclado a una fuerte ilusión de conocer e integrarte en una cultura nueva, de volver a construirte en una ciudad diferente a la tuya.

Cuando decidí quedarme a vivir en Barcelona, mi madre, la persona que me enseñó a amar con libertad, me regaló el libro de Richard Bach: “Ningún lugar está lejos”. Este libro siempre va conmigo.

Han pasado 11 años desde entonces y, no quiero desmotivar a nadie, pero todavía hay momentos de nostalgia o días en que el peso de la distancia se nota más…por ejemplo ayer fue el cumpleaños de mi sobrino y no he podido ir a verle…cuando pasan estas cosas vuelvo a leer el libro y su filosofía me recuerda que en realidad ayer ya estaba con él.
“Si deseas estar con alguien a quien amas, ¿No estás ya a su lado?”

“Ninguna persona está lejos si existe el deseo y la voluntad de estar a su lado”

Mi mejor amiga está en Italia, nos llamamos poco, a veces pasan meses sin saber la una de la otra pero yo sé que ella desde hace más de 20 años siempre está, no hace falta hablarle, verla, abrazarla (¡claro que me gusta cuando esto pasa!) pero no es necesario.
¿Pueden los kilómetros separar a los verdaderos amigos?

¡Las personas que amamos se llevan dentro, en el corazón!

Laura Contino
Directora del centro