No es vida sin facebook

Artículo El Mundo

supHace unos días me llegó este artículo del periódico que trataba sobre un tema que ya se rumorea bastante desde hace tiempo: ¿es la gente tan feliz como parece en Facebook? Muchas personas con una vida normal y que podría describirse hasta como gratificante a menudo pueden sentirse acomplejadas por el constante bombardeo de euforia que reciben a través de las redes sociales ¿Será que soy el único con un asco de vida normal?

Mientras tomaba algo en una terraza de vacaciones, vi una escena que me resultó bastante descriptiva. Una pareja en la mesa de al lado se concentraba por separado en sus smatphones como si estuvieran solos. De hecho, se dirigían monosílabos como si hubieran discutido. Sin embargo, en un momento dado y casi como un resorte, ella se acercó a él con una amplia sonrisa y el teléfono en modo selfie, lo que hizo que él automáticamente respondiera con otra amplia sonrisa. Con una preciosa vista de la bahía de fondo, seguramente la tituló ‘Vacaciones increíbles con la mejor compañía’ o algo así. Precioso. Lo curioso es que la magia duró los segundos de la publicación en redes, porque por lo que pude observar, el resto del tiempo siguieron ignorándose e ignorando la vista que tanto interés tenían en publicar ¿Fantasía o realidad? Puede que tuvieran un curioso modo de exteriorizar su felicidad… pero algo me hace pensar que no.

Muchas personas esconden sus problemas psicológicos bajo fachadas o máscaras que hoy en día pueden ser de lo más sofisticado. No es una vida inventada, pero desde luego bastante tergiversada. Casi una mentira piadosa hacia sí mismas. Muchos problemas de relación y de autoestima se esconden bajo tanta obsesión en mostrar lo maravilloso que es todo ¿A quién? ¿Para qué? ¿Haces esas actividades porque te apetece, te aporta, te hace feliz? ¿O es que un fin de semana sin post es un fracaso? Si cuentas lo bien que ha ido una actividad por la cantidad de ‘me gusta’ recibidos, quizá dependas en exceso de la validación ajena y confíes poco en tu criterio.

Puede que parezca algo superfluo o exagerado. Pero podrías comprobar qué pasa y cómo te sientes si apagas el teléfono un día completo y lo dedicas a disfrutarlo. No fotos, no videos, no posts. Sólo centrarte en el momento ¿Te ves capaz?