No más excusas, más medios

descarga (1)Se cuenta que una persona cansada de luchar decidió darse por vencida. Renunció a su trabajo, a sus relaciones, incluso a su espiritualidad. Quería renunciar a su vida. Se fue al bosque para tener una última charla con Dios. Llegando le preguntó a Dios: “¿Podrías darme una buena razón, para no darme por vencido?” La respuesta le sorprendió: “Mira a tu alrededor: ¿Ves el helecho y el bambú?” Respondió que sí.

“Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz, les di agua. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla del bambú. Sin embargo no renuncié al bambú. En el segundo año, el helecho creció más brillante y abundante. Y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú. En el tercer y cuarto año, aún nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié. En el quinto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. No renuncié. Luego en el sexto nada, hasta el séptimo año, un pequeño brote salió de la tierra. En comparación con el helecho, era aparentemente muy pequeño e insignificante. Pero sólo seis meses después, el bambú creció más de 100 pies de altura.

¿Tardó seis meses en crecer? No. La verdad es que se tomó siete años y seis meses en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.

Muchas veces cuando intentamos lograr una meta olvidamos diseñar el camino por el que llegaremos a ella. El mundo actual está tan enfocado a tenerlo todo y tenerlo ya que cualquier trabajo más artesanal o complejo, todo lo que lleve tiempo ‘es oro’ o no merece la pena. En otras ocasiones hemos hablado de la importancia de saber cuándo es suficiente, cuando ya hemos invertido demasiado. Tampoco podemos quedarnos cortos cuando algo supone un esfuerzo. En este caso, me gustaría poner de ejemplo el proceso de terapia. Es normal querer resultados y quererlos ya, dejar de sufrir, cambiar el chip. Pero las personas somos más un bambú que un helecho, y necesitamos trabajar bien la base antes de crecer hacia arriba y superar las dificultades.

Nunca desprecies lo que sucede en el camino. Lo que realmente le da valor a una meta es el proyecto creado y cuidado con ilusión y esfuerzo. Es el orgullo de decir ‘esto lo he hecho yo’, no ha sido casualidad o suerte, no ha sido magia. Es el fruto de tu trabajo, y si está bien hecho, no tendrá límite para crecer.

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