No hacer nada es importante.

 

 

Parece que los grandes avances científicos llegan cuando el cerebro se toma espacios de relajación. En dichos espacios, se nos ocurre aquello que llevamos tiempo dándole vueltas y no sabíamos cómo abordarlo. La explicación la tenemos en nuestra mente. Cuando no hace nada, también trabaja. Y lo que es más importante, si queremos ser creativos tenemos que aprender a hacer nada.

Cuando la mente está desconectado, cuando “no estamos haciendo nada” el cerebro en realidad trabaja muchísimo, y ese tiempo es clave para que procese la información que adquirió cuando estaba atento. Necesitamos desconectarnos de las tareas para ser introspectivos, para poder pensar, para aburrirnos en definitiva.

Cuando la gente deja la mente divagar, tal y como sucede en los ratos de ocio, esta se involucra en uno de los procesos más interesantes de la inteligencia: el de la creación. No tener ni un segundo para desengancharse estaría impidiendo a la gente generar ese tipo de procesos que son la base para el desarrollo personal y social.

 

 

Los peligros de la multitarea.

Según el neurocientífico Facundo Manes la multitarea disminuye el rendimiento cognitivo. Mucha gente se confunde al pensar que haciendo muchas cosas al mismo tiempo va a ser más pro­ductivo. Ese es un mito que hay que erradicar porque el cerebro funciona mejor cuando se hace una cosa por vez.

Teresa Belta y Esther Priyadharshini, de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), han demostrado que estar siempre ocupados, sobre todo durante la infancia, impide desarrollar la imaginación. Por el contrario, aburrirse y no hacer nada es positivo para el cerebro.

Si no hago nada me siento culpable.

El problema que tenemos de hacer nada es que nos sentimos culpables. La sociedad nos ha vendido la idea de que ser mejores es actuar y actuar sin descanso.

Pero la realidad es que si queremos salirnos de lo habitual, desarrollar nuestra creatividad o, simplemente, encontrar una solución diferente a nuestros problemas, necesitamos no hacer nada. Puedes empezar de la siguiente manera:

  1. Busca diez minutos al día de inactividad. No significa ver la tele, sino estar tumbados en el sofá, relajados en un parque y dejar que la mente vague sola.
  2. Apaga el móvil durante varias horas cada día o al menos, el fin de semana. La hiperconectividad de los dispositivos actuales no ayuda necesariamente a nuestro cerebro.