No puedo dejar de pensar.

 

¿Eres de las que les dan vueltas a las cosas una y otra vez? ¿No puedes dejar ir las preocupaciones? ¿Sientes que tu mente es como un disco rayado?, Si eres una de estas personas probablemente te veas inmersa en una dinámica que termina generándote una gran angustia, haciéndote consumir mucho tiempo y esfuerzo mental, a menudo alejándote de las cosas importantes que hay en tu vida.

Un pensamiento rumiativo es un pensamiento intrusivo, de carácter muy persistente, recurrente y ajeno a la voluntad de la persona. Las rumiaciones son como un disco rayado que se repite una y otra vez, sin parar, recordándonos errores pasados y situaciones desagradables o anticipando posibles peligros futuros.

Las personas con rumiaciones creen que preocuparse les ayudará a ver las cosas con una mayor claridad, a controlar más una situación que nos puede parecer incierta. Pero lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones sólo dificulta el afrontamiento efectivo de los problemas e incrementa los pensamientos negativos, además de producir un gran desgaste emocional y físico.

Cuando nuestro diálogo interno ha entrado en un bucle de pensamientos repetitivos, depende de nosotras mismas el poner fin a éstos.

El primer recurso que solemos utilizar para deshacernos de las rumiaciones es intentar no pensar en ellas, sin embargo, cuánto más intentamos apartarlas de nuestra mente más presentes las tenemos. Paradójicamente pues, al intentar apartar un pensamiento de nuestra mente, solemos provocar el efecto contrario, es decir, intensificarlo.

¿Cómo romper el bucle?

Algunas estrategias que podemos utilizar para romper los pensamientos circulares pueden ser las siguientes:

  • Practicar la atención plena o mindfulness: entrenar la mente para conseguir estar presente en el aquí y ahora permite dar a la mente un descanso de pensamientos y, por lo tanto, de las rumiaciones.
  • Establecer un tiempo de preocupación diario: preocuparse y rumiar durante un tiempo establecido cada día. Fuera de este momento pactado intentar postergar las preocupaciones hasta nuestro siguiente tiempo de preocupación.
  • Hacer ejercicio físico: el sedentarismo es un buen aliado del pensamiento rumiativo, hacer ejercicio exige de nosotros que nos concentremos en experiencias que ocurren en el presente.