NUDOS GORDIANOS

nudo-gordiano-13145788Cuenta una leyenda clásica, que en la antigüedad existía en un templo de Frisia un nudo que era imposible de deshacer. Creado por dioses, sus cabos formaban una composición en la que era imposible encontrar inicio y final. Muchos fueron los hombres que intentaron resolver el enigma sin suerte. Algunos de ellos hombres sencillos, otros hombres poderosos, pero el nudo resultaba un enigma por igual a todos ellos. Llegó a forjarse la leyenda de que aquel que lograra deshacer el nudo, llamado gordiano, lograría ser el más poderoso del mundo. La leyenda continúa explicando que cuando Alejandro Magno conquistó Frisia, se sintió atraído por la leyenda y se dirigió al templo para observarlo por sí mismo. Ante los sacerdotes y los guerreros, se le presentó el nudo para que pudiera estudiarlo. La opinión estaba dividida entre los que deseaban que se resolviese y lo que no deseaban realmente que se deshiciera la magia del enigma.

Tras observarlo por un instante, Alejandro no dudó en cómo resolver la separación del nudo. Desenvainó su afilada espada y partió el nudo por la mitad. Algunos presentes gritaron de desaprobación y otros de júbilo. Pero todos estuvieron de acuerdo en que el problema estaba resuelto, ya que el nudo ya no se podía volver a componer.

En nuestra vida a menudo se nos presentan nudos gordianos, problemas en los que nos enredamos buscando culpas, motivos, porqués… nos enredan en pensamientos recurrentes y quebraderos de cabeza y nos hace alejarnos del tema principal: resolverlo, dejar atrás el sufrimiento, avanzar.

Alejandro Magno resolvió el problema siendo poco ortodoxo. Eligió la opción que nadie se había planteado nunca pero que respondía al verdadero ‘quid’ de la cuestión. No pensó en hacerlo bonito, que fuera una respuesta intelectual o que los demás lo aprobaran. No pensó en el cómo sino en el qué. Y en casi todos los casos, la línea recta es la más corta entre dos puntos.

Cuantos problemas de nuestra vida tienen una solución fácil ante nuestros ojos y nos cuesta verla o juzgamos que ‘no es la correcta’. Nos hace perder el tiempo y alargar el sufrimiento de forma nada productiva. Si crees que es algo que te pasa con frecuencia, la terapia te puede ayudar a tener más confianza para tomar tus decisiones.

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