Nuestros pensamientos no son la realidad

Uno de los aspectos que trabajamos en terapia es la gestión del pensamiento, pues nuestras emociones dependen en gran parte del significado que damos a las experiencias de nuestra vida.

A veces confundimos nuestros pensamientos con la realidad.

¿Os ha pasado alguna vez que al cabo de un tiempo véis diferente un hecho que en otro tiempo os inquietó? El hecho no cambió, pero sí el significado que tiene para nosotros.

Muchas veces tenemos dificultades para dejar nuestra mente libre del ruído mental respecto a algo que nos preocupa, dificultándonos centrarnos en el aquí y ahora de nuestra experiencia. Nos preocupamos constantemente por algo con la sensación de que así nos estamos ocupando, pero paradójicamente la misma preocupación y la activación emocional relacionada no nos permiten conectar con una solución creativa al respecto.

La defusión del pensamiento

La defusión del pensamiento es una técnica útil para manejar el flujo de pensamientos que llegan a nuestra mente y regular la activación emocional.

Existen diferentes modalidades, pero la lógica subyacente es encontrar alguna forma de observar nuestros pensamientos desde fuera, como algo que puede simplemente transitar por nuestra mente sin quedarnos “enganchados” a ellos.

No podemos impedir que un pensamiento aparezca, pero sí podemos elegir no alimentarlo, dejarlo marchar.

Una de las modalidades que más trabajo en terapia es utilizar la visualización de un río, centrándonos en los sentidos y la experiencia de estar de pie en la orilla, observando el flujo de pensamiento como la corriente de agua fluyendo enfrente de nosotros pero sin entrar en ella.

Propongo entonces convertir cada pensamiento en una hoja que cae en el río y lleva la corriente, perdiéndose en el horizonte, y volver a los sentidos y a la observación de la respiración.

Y así con cada pensamiento que venga, o cuántos vengan.

Podemos elegir dejarlos marchar.