Pandemia del siglo XXI… No saber expresar emociones

A lo largo de la historia de la humanidad nos hemos visto embestidos por muchas pandemias. Una de ellas y posiblemente de la que más hemos visto escenas en películas de época, ha sido la peste negra, que comenzó en el siglo XIV. Ochocientos años tras el último brote de peste bubónica, volvía con fuerza a Europa. Esta enfermedad alcanzó el Mediterráneo y Europa occidental en 1348 (posiblemente llevada por mercaderes italianos que huían de la guerra en Crimea), y mató a veinte millones de europeos en seis años, una cuarta parte de la población total y hasta la mitad en las zonas urbanas más afectadas.

Otra pandemia que ha tenido varios brotes ha sido el Cólera, que medró el continente Indio, Europa, Londres, Nueva York, Norteamérica. La tercera aparición fue en Rusia, donde murieron más de un millón de personas y afecto a todo el mundo conocido.

La pandemia del siglo XX es sin dudas el VIH, cuyo descubrimiento se remonta a 1981 y cuya enfermedad consiste en la incapacidad del sistema inmunitario para hacer frente a las infecciones y otros procesos patológicos. Considerada pandemia por su rápida propagación deja de momento más de 25 millones de muertes, cálculos estimados dicen que más 33 millones de personas viven con VIH, más de 15 millones de niños huérfanos a causa del Sida y se afirma que actualmente el VIH está matando cada 10 segundos a una persona en el planeta.

Contamos con infinito número de estadísticas, investigaciones, artículos, etc, sobre estas pandemias pero que acaece con aquella pandemia encubierta que afecta a la humanidad entera y que no es más que la incapacidad de expresar emociones?

Estamos normalizando el analfabetismo emocional, como si ser inexpresivo, no expresar sentimientos, aislarse, encerrarse en sí mismo, no compartir alegrías, miedos, sueños, inquietudes y/o, preocupaciones fuera algo cotidiano, habitual y normal. Se ha convertido incluso en tema tabú tratar de abordar esta incapacidad emocional con nuestras parejas o seres cercanos, puesto que continuamente encontramos una excusa a este comportamiento; el stres, el trabajo, la universidad, los hijos, etc, la excusa perfecta perpetuada en el tiempo.

Lo curioso es que la sociedad entera quiere un mundo mejor, pero nadie o muy pocos se comprometen primero a ser mejor consigo mismos o a cambiar primero a sí mismos, ya que auto conocerse lleva tiempo, trabajo de adentro hacia afuera y eso muchas veces duele y tanto que duele. Entonces el miedo a descubrir nuestros defectos desde la auto conscienciación no es algo que nos motive, preferimos autoengañarnos y construir una realidad distorsionada de nosotros mismos. Así no duele tanto!

Gracias a la inundación tecnológica, o deberíamos decir mejor por desgracia, nos hemos acostumbrados a estar al tanto de lo que sucede al otro lado del mundo, a las amistades virtuales, a dar la cara sin dar la cara, que desconocemos nuestra vida afectiva y emocional. Sabemos con exactitud cuando dinero tenemos, cuantos bienes, pero posiblemente desconocemos quienes somos realmente.

Supongo que tenemos un tipo de virus alexitímico, porque sin llegar a ser un desorden neurológico en todo el sentido de la palabra, si que nos quita la palabra y aquella facilidad de expresar lo que sentimos y pensamos.