Pequeños descansos

La semana tiene cinco días hábiles en los que la mayor parte de la gente, desarrolla su actividad habitual. Son los días activos a nivel de trabajo, familiar (colegios, actividades extra-escolares de los niños) o clases o visitas médicas si las hay. Y el fin de semana se descansa. Pero, en general, es tanto lo acumulado, que esos dos días no son suficientes, porque parte de ellos también los ocupamos en actividades para las que no hay tiempo entre semana, como determinadas compras, por ejemplo. En resumen, el tiempo dedicado al descanso queda muy mermado y empezamos el lunes con la batería solo a medio recargar.

Es por eso que resulta imprescindible encontrar a lo largo del día espacio y tiempo para esos pequeños descansos. Así no solo rendiremos más en el trabajo y en el resto de actividades, si no que llegaremos al viernes mucho menos agotados.

Lo primero es despertarnos con calma, desperezándonos en la cama y estirándonos si hace falta. Seguirán un buen desayuno y nuestro aseo personal, poniendo atención en las sensaciones más que en el parloteo mental que ya se instala en nosotros en cuanto abrimos los ojos. Eso sólo ya consume mucha energía y una propuesta que os hago es que el primer descanso que incluyamos en el día a día, sea el dar a nuestra mente la oportunidad de estar más serena.

Otro aspecto será dar tiempo a nuestras comidas. Almorzaremos y comeremos tranquilos y sentados, aunque lo hagamos fuera de casa. Además de que la comida sentará mejor, será ese momento consciente de pausa y de reponer energía.

Otro tiempo de descanso/desconexión puede ser el momento de desplazarnos de un sitio a otro. Si es posible, hagamos alguno de los trayectos andando, pero no con prisas, mirando el reloj y a trompicones con la gente, si no más bien a modo de paseo, observando nuestro ritmo al caminar, cómo respiramos, la gente con la que nos cruzamos, si sentimos frío o calor, si el viento o la brisa que hace nos gusta o nos molesta… Aunque estemos en movimiento, ese espacio nos permitirá descansar del trabajo y de lo rutinario del día y ofreceremos a nuestra mente esa desconexión terapéutica.

También pueden entrar en la categoría de descansos una conversación agradable, cruzar cuatro palabras amables con alguien, aprovechar el transporte para leer algo que nos guste o escuchar música… Estos descansos que nos permiten llegar al final del día más ligeros, no necesariamente han de ser físicos. Pueden ser todo aquello que nos permite conectar con nosotros y ensancharnos por dentro.