El peso de tus pensamientos.

 

Tal y como expliqué en el artículo anterior, tanto la preocupación como la rumiación forman parte de nuestro día a día. Son fenómenos habituales y en parte funcionales, ya que intentan acercarnos a encontrar y planificar soluciones a nuestros problemas. Aunque, a veces, empezamos a pensar de forma excesiva e incontrolable sobre nuestros problemas, en estos casos, la persona consume gran parte de su energía y tiempo.

Pero en realidad no es la preocupación en si lo que consume nuestra energía, si no engancharnos a ella. Dar vueltas y más vuelta a nuestras preocupaciones sin ser capaces de soltarlas es lo que me puede acabar llevando a un estado de ansiedad y angustia. Para ejemplificar esto último a continuación os dejo con el siguiente relato:

Una psicóloga daba vueltas por la sala mientras impartía una charla sobre cómo manejar el estrés. Cuando levantó un vaso con agua todos pensaron que iba a preguntar si el vaso estaba medio lleno o medio vacío, sin embargo, ella preguntó con una sonrisa: “¿Cuánto pesa este vaso con agua?”.

Las respuestas variaron entre 100 gramos y 500 gramos. Ella contestó: “El peso absoluto no tiene realmente ninguna importancia, depende simplemente de cuánto tiempo sostengo el vaso. Si lo sostengo durante un minuto no hay ningún problema. Si lo sostengo durante una hora me va a doler un poco un brazo. Si lo sostengo durante un día entero, entonces mi brazo se quedará entumecido y paralizado. En cada uno de esos casos, el peso del vaso no varía, pero cuanto más tiempo lo sostengamos, más pesado lo sentiremos”.

Ella continúa: “El estrés y la preocupación son como este vaso de agua. Si pensamos en lo que nos preocupa un rato, no pasa nada, si pensamos en eso un poco más, comenzará a hacernos daño. Si pensamos en eso todos los días, nos sentiremos paralizados, incapaces de hacer nada. Es importante tener en cuenta que caer en eso es lo que te estresa, así que, tan pronto como puedas, suelta toda esa carga. No continúes esa espiral de pensamientos ni te los lleves a casa o a la cama. ¡Recuerda soltar el vaso de agua!”.

En conclusión, no podemos eliminar, bloquear, ni evitar continuamente nuestras preocupaciones, pero debemos aprender a poder soltar el vaso en algún momento. Es conveniente poder darnos un espacio en el que podamos estar presentes en el aquí y ahora, y no perdidas en una maraña de preocupaciones sin fin.