¿Placer o deber?

 

Muchas veces nos encontramos ante dilemas que nos enfrentan por una parte con nuestros deberes y por otra con nuestros deseos. Es importante tomar consciencia de este dilema interno e intentar siempre equilibrarlo.

El placer.

Es típico de los animales y humanos buscar el placer y huir de dolor. Forma parte de nuestra naturaleza primaria movernos hacia aquello que nos complace, y alejarnos o escapar, cuando las cosas se tornan incómodas, complicadas o tensas.

La infancia suele ser una etapa de nuestra vida caracteriza por movernos desde el polo del deseo, los deberes, en cambio es algo vamos adquiriendo a medida que vamos madurando y que vamos asumiendo responsabilidades de manera progresiva y natural.

El deber.

A medida que maduramos, habitualmente vamos relegando a un segundo plano nuestros deseos, en la medida que éstos se contraponen a nuestros deberes: el deber es lo primero, el placer después. Así, vamos dejando de manifestar nuestras necesidades, instintos o deseos.

El punto de equilibrio.

Cuando los dos polos de placer-deber entran en conflicto de forma clara, podemos llegar a sentir un malestar elevado. Esto es una señal de alarma que nos indica que debemos hacer lo posible por integrar los dos polos y por buscar un punto intermedio entre el placer y el deber que nos sea cómodo. Es importante escucharnos para discernir qué deseo o necesidad estamos ignorando, puede que de una manera tan continuada que nos cueste identificarla.

Aunque resulta difícil avanzar y superarse sin realizar esfuerzos, sin cumplir con deberes y responsabilidades, es importante dejar siempre un espacio a nuestros deseos, a nuestro placer. Para algunas personas, es una tendencia buscar el placer de manera compulsiva. Para otros, el deber está primero, y se centran en éste de manera rígida. Sin embargo, es en el equilibrio de disfrutar el placer y cumplir el deber, donde reside la vida satisfactoria.