¿Por qué vas, si luego no estás?

Creo que nos ha pasado a muchos ir a comer o cenar con amigos y acabar cenando “solo” porque nuestros acompañantes están todo el rato en el facebook o contestando un whatsapp. Todo el mundo con el móvil en la mesa esperando comunicar con los que no están allí sin darse cuenta que en el fondo ellos tampoco están.

 

“¿El iPhone se pone a la izquierda del plato junto a los tenedores o a la derecha junto a las cucharas, cuchillos y copas?”
Las conversaciones se convierten en un “coitus interruptus” pautado por si hay wifi o cobertura en el sitio de encuentro.
Lejos de mi el criticar estas aplicaciones que utilizadas en un modo apropiado resultan útiles y, a veces divertidas. Promueven una comunicación más dinámica y favorecen bonitos reencuentros… pero no siempre es así.
Desgraciadamente lo que está pasando es que muchos utilizan estos medios para controlar a su entorno y es una práctica tan difusa que se ha convertido en una “nueva adicción”.
Desde mi punto de vista se trata de un uso poco sano de estas herramientas que en la mayoría de los casos llevan a malestar y sufrimiento.
¿Qué nos estamos perdiendo?

 

 

 

Una comunicación cara a cara tomando un café, elegir decidir dedicar una tarde a una persona y darle toda nuestra atención, hablar mirando a los ojos y decirle a la persona interesada lo que sentimos en lugar de escribir un estatus en el facebook con la esperanza que esta persona lo lea y lo interprete… a su manera, ¡que nunca suele ser la deseada por el remitente!
El otro día vi esta imagen con una frase de Einstein que trasmite de una forma directa y grafica lo que pretendía expresar…
Os invito a evitar que la profecía se cumpla y a reflexionar sobre el uso que hacemos en nuestro día a día de estas valiosas herramientas de comunicación.
Laura Contino
Directora de Dendros-Centre de Psicologia