Procrastinación: dejar para mañana lo que puedes hacer hoy

Quien más quien menos ha caído en sus redes alguna vez. La eterna procrastinación es el verdugo de nuestros objetivos y sueños. Puede que no lo hayas oído nombrar con esta palabra, pero la procrastinación es el clásico ‘posponer’ sin fecha prevista objetivos, tareas o situaciones que en realidad convienen o son más necesarias.

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Cuando posponemos estos momentos, en general los sustituimos por actividades que nos resultan más placenteras o agradables pero que en realidad no son tan necesarias como esas otras que ‘evitamos’ de forma más o menos consciente. Puede que casi todo el mundo haya caído en estas redes alguna vez o con más o menos frecuencia, la cuestión es que no se convierta en la forma habitual de proceder, la excusa para no tomar las riendas.

¿Por qué hacemos esto? En realidad no se sabe exactamente por qué. Podría parecer que las personas que tienen esta costumbre son más felices porque sustituyen las ‘obligaciones’ por ‘placer’, pero la ciencia parece haber demostrado que no es así. La procrastinación se relaciona con una menor satisfacción con la vida, especialmente en el ámbito laboral. También es más frecuente entre aquellos que no tienen pareja o no tienen trabajo. Pero en cualquier circunstancia podemos dejar de avanzar, superar el miedo al fracaso o la sensación de incapacidad.

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Mientras sabemos un motivo ‘científico’ para que ocurra, podemos entender que las personas que afrontan las dificultades y ponen a prueba sus recursos (en mayor o menor medida) refuerzan su autoestima. Los retos, por pequeños o insignificantes que puedan parecer, nos dan fuerza y mejoran la percepción que tenemos sobre nosotros mismos, cuestionando etiquetas invalidantes como incapacidad, cobardía o inferioridad.