¿Puedo ser racional y dejar las emociones a un lado?

 

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Todos hemos oído alguna vez comentarios del tipo: “Soy una persona racional, sé dejar las emociones a un lado y analizar las situaciones objetivamente”. Pero gracias a la neurociencia actual sabemos que esta afirmación no se ajusta a los conocimientos que tenemos sobre el funcionamiento de nuestro cerebro. De esta manera, esta afirmación lleva implícito el considerar la razón y la emoción como dos entidades separadas que se pueden activar o desactivar a voluntad. Algo muy lejos de la realidad. Ambas están solamente separadas a nivel teórico, pero no que en nuestra realidad cotidiana.

De hecho, gracias a los avances de las neurociencias sabemos que la interacción entre la parte encargada de las emociones (amígdala) y la zona responsable del pensamiento racional (córtex) es constante, y las vías que los unen, muy complejas. Además existen más vías de la amígdala hacia el córtex que a la inversa, así que las emociones lo tienen muy fácil para influir en nuestros pensamientos. Parece ser que la razón lo tiene más complicado para influir en nuestra parte emocional.

La neurociencia ha mostrado que si se seccionan las vías que van de la amígdala (emociones) al córtex (razón), aunque la persona mantenga la inteligencia lógica intacta, sus decisiones suelen ser erróneas. Nuestro cerebro necesita las emociones para tomar decisiones.

Estos sentimientos no solo son imprescindibles para tomar decisiones, planificar, reflexionar, sino que cumplen una función clave para activar al organismo y para relacionarnos con los demás. Han ido surgiendo a lo largo de la evolución con ciertas finalidades. Ser humano significa sentirlas y conectar con ellas. Al ver a alguien triste, rabioso, ansioso, casi como un acto reflejo vamos a calmarlo, como si quisiéramos desactivar esa emoción. Sin embargo, la alarma solo se nos debería disparar cuando alguno de esos sentimientos se instala permanentemente dentro. Entonces sí que debemos dedicarnos a descubrir qué nos está pasando.