¿QUÉ NOS PUEDE OCURRIR TRAS VIVIR UN TRAUMA PSICOLÓGICO?

Entre las consecuencias más comunes que puede sufrir una persona que ha vivido un trauma, está en primer lugar, sufrir un estado elevado nivel de ansiedad, con irritabilidad, predisposición a dar respuestas de alarma por motivos menores, pesadillas, imágenes invasivas que aparecen repetidamente en la conciencia y provocan una gran angustia, sensaciones de extrañeza e irrealidad, percibir una barrera emocional que separa a la persona del mundo, tristeza, desesperanza, vivencias de culpa por no haber sabido evitar el peligro o por haber sobrevivido etc.

Este tipo de síntomas son extraordinariamente frecuentes, y relativamente similares en casi todas las culturas y contextos. Estos síntomas son respuestas naturales ante una agresión de extraordinaria importancia, y son intentos del cuerpo humano por recuperar su equilibrio.

Pero no en todos los casos aparecen estos síntomas, ni con la misma duración ni intensidad. ¿A que son debidas estas diferencias?

  • Características del hecho traumático: un hecho estresante producirá más efectos traumáticos cuando es repentino, prolongado, repetitivo e intencional. Todas ellas son características que disminuyen la capacidad de la persona para controlar la situación y desarrollar estrategias efectivas de afrontamiento.
  • Características de la persona: la existencia de hechos traumáticos y de síntomas psiquiátricos previos a la vivencia traumática en la respuesta de la persona. Parece, además, que hay más riesgo cuando el impacto se produce en edades críticas del desarrollo.
  • Características del entorno: factores como disponer de un grupo de apoyo, óptimas condiciones de vida, poder recuperar rutinas y conservar el control sobre la propia vida tienen un peso decisivo en la mitigación o cronificación de los síntomas post traumáticos.

Finalmente, es importante mencionar que se escucha con frecuencia que aquellas personas que no pueden compartir los hechos traumáticos tienen mayor dificultad para superarlos. Son innegables los efectos beneficiosos para la salud de compartir las experiencias traumáticas, pero compartir no tiene porque ser universalmente beneficioso. Conviene tener en cuenta que la negación de hechos traumáticos puede ser una herramienta útil para la asimilación progresiva de los mismos. Forzar la narración de hechos puede ser un riesgo importante de retraumatización cuando en la base hay imágenes o recuerdos extraordinariamente dolorosos que la persona ha empezado ya a integrar con sus propios recursos.

Por lo tanto, hablar es potencialmente bueno cuando es el momento adecuado en la evolución personal de la asimilación del hecho traumático, y esto generalmente se detecta porque es la persona la que expresa de algún modo la necesidad de hacerlo.

Referencia:

Pérez Sales, Pau (2006). Trauma, Culpa y Duelo. Hacia una psicoterapia integradora. Bilbao: Desclee de Brower.