¿Reconoces a tu niño interior?

Reconoces a tu niño interior?

Cuántas veces te habrás preguntado a ti mismo: por qué cometo siempre los mismos errores? Por qué continúas escogiendo a personas o situaciones que sabes que te hacen daño? Por qué actúas de esa forma que te genera tanto malestar? La respuesta a esa pregunta la tiene tu niño interior.
Claudio Naranjo define al niño interior como “el amor hacia uno mismo”, “…esa parte natural de uno con la que nacemos antes de que nos metan la cultura en la cabeza. Es un deseo de felicidad instintivo…” . El niño interior también eres tú mismo herido en la infancia o la adolescencia. Ese mismo dolor que experimentaste reaparece ante determinados problemas o situaciones porque aunque esa etapa la pasaste, no la superaste y el niño interior no ha resuelto ese dolor por algo que le ocurrió, no fue atendido correctamente.
En general las personas nacemos puras, limpias, con capacidad para amarnos saludablemente y para conectar con las cinco emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, rabia y sorpresa. Recordemos que esas emociones son información esencial y necesaria que nos permite adaptarnos a nuestro entorno, sin su correcta gestión no es posible una adaptación saludable.
Desafortunadamente los aprendizajes incorrectos y las situaciones dolorosas mutilan al niño emocionalmente y lo convierten en un adulto en conflicto, vacío. Un adulto que proyecta en los demás sus propias frustraciones porque las experiencias traumáticas pasadas no se integraron adecuadamente. Si el adulto no toma consciencia de ese dolor pasado y no lo digiere continuará desconectado del pasado e inadaptado al presente.
Nuestra personalidad consta de dos partes: niño y adulto. Tu niño interior es tu hemisferio derecho, el sentir, el vivenciar; al adulto le corresponde el hemisferio izquierdo: actuar, hacer, pensar. Ambos hemisferios, niño y adulto, si están conectados dan como resultado personalidades equilibradas sanas, sensibles y felices. Si por el contrario existe desconexión adulto-niño aparecen síntomas como el perfeccionismo, el miedo, conductas autodestructivas (relaciones tóxicas, adicción a sustancias…) u otras formas malestar e inadaptación.

La clave para superar ese malestar está en reconocer a nuestro niño interior, escuchar su dolor y atenderle, hacer las paces con él e integrarlo en la personalidad adulta. No significa únicamente ser infantiles, inocentes y dar salida a nuestra parte más espontánea e impulsiva. Conectar con nuestro niño implica hacer consciente e integrar todas las experiencias vividas por ese niño herido que hacen el adulto que eres hoy. Significa rescatar del dolor al niño que no supo hacer frente a situaciones pasadas ante las que no estaba preparado y enseñarle las nuevas reglas. John Bradshaw, autor de “Nuestro niño interior” sugiere en su libro algunas pautas:

– Reconocer e identificar los problemas de tener un niño interior herido.

– Rescatarlo y recobrar el control sobre el niño interior.
– Dar nuevos permisos y reglas al niño interior.
– Proteger y cuidar a nuestro niño interior.

Escucha sin juzgar al niño que fuiste un día y que todavía existe dentro de ti. Ese niño entiende de momentos mágicos y te aporta sabiduría. Puedes reprimir su llanto, pero no puedes acallar su voz. Ese niño que fuiste un día continúa en tu presente: no lo descuides.