EL RETO DE LA ADOLESCENCIA

La adolescencia es una etapa evolutiva en que se dan una serie de cambios a muy diversos niveles que suponen el proceso de transición entre la infancia y la edad adulta y que además de tener un impacto en la propia persona tienen un impacto en su entorno, especialmente el ámbito familiar.

No en vano existe una extensa bibliografía dirigida a padres de hijos adolescentes y por supuesto, un gran número de páginas web con consejos para “lidiar” con esta realidad.

El propio uso de la palabra “lidiar” ya nos da pistas de cómo muchos padres enfocan esta etapa de la crianza de sus hijos, lo que no tiene por qué ser así, pudiendo aprovechar esta fase como una oportunidad de crecimiento para todos.

Acercarnos con curiosidad a esta realidad para comprender los cambios que se están produciendo en nuestro hijo es fundamental para poder ejercer un estilo parental democrático, basado en el afecto, el establecimiento de límites y el respeto de la autonomía en fases adecuadas para cada edad.

La mente adolescente

El psiquiatra Daniel J. Siegel habla en su libro Tormenta Cerebral:el poder y el propósito del cerebro adolescente de cuatro grandes tendencias propias de la esencia de la mente adolescente: chispa emocional, implicación social, novedad y exploración creativa. Estas tendencias están en la base de muchas de las conductas de los adolescentes que preocupan a sus padres, pero suponen a la vez un gran potencial por estar en la base de una sana forma de vivir durante la toda existencia y como adultos no deberíamos dejarlas caer en el olvido como frecuentemente hacemos.

La chispa emocional se relaciona con una vivencia emocional interna en ocasiones especialmente intensa que tienen los adolescentes, lo que les puede llevar tanto a reír a carcajadas como a sentirse desbordados por emociones poco agradables ante una situación.

La implicación social explica cómo a partir de cierta edad, los adolescentes sienten la necesidad de diferenciarse de sus figuras parentales y pasan a regularse en función de las normas del grupo de iguales, “salen al mundo” por decirlo de alguna manera, y se embarcan en relaciones significativas que dan apoyo a su proyecto de vida. Este distanciamiento del núcleo familiar puede resultar desconcertante e incluso doloroso para los padres cuando reciben actitudes de indiferencia o rechazo por parte de su hijo, que no son más que intentos de diferenciación y afirmación de su identidad.

La búsqueda de la novedad, mediada por distintos procesos neurológicos relacionados con el sistema de gratificación les lleva a menudo a situaciones de riesgo por poner más énfasis en la gratificación que en los posibles costes de una acción. Sin embargo, relacionado con la cuarta característica, la de exploración creativa ,que es esa tendencia a ver el mundo desde una nueva óptica y por tanto a buscar nuevas formas de hacer las cosas, lo que a la fuerza supone un cuestionamiento de aquello establecido, puede llevarles a embarcarse en interesantes proyectos que contribuirán al crecimiento y desarrollo no sólo de ellos mismos sino también del mundo.

Qué podemos hacer como padres

Como adultos, propone el autor, lo mejor que podemos hacer en relación a aquello que nos preocupa de la conducta de nuestro hijo es estar presentes. Pero qué significa estar presentes? Significa por un lado mirar hacia nuestro interior y tener resueltos aquellos aspectos respecto al adolescente que fuimos y el adulto que somos ahora. Reconocer qué es lo que pasa en nuestro interior para así poder acercarnos al interior de nuestro hijo, en una conexión empática y respetuosa.

Un apego seguro, que actúa como una plataforma de seguridad desde la que atreverse a explorar el mundo, es primordial para que los adolescentes vayan adquiriendo autonomía de forma saludable. No es fácil ver sufrir o experimentar dificultades a aquellos a quienes amamos, pero no debemos caer en el error de querer solventar sus problemas para evitarle sufrimiento; basta con que nuestro hijo sepa que estamos allí para ayudarle y apoyarle cuando considere que precisa dicha ayuda o apoyo.

Es necesario que los padres pasen del control a la confianza en esa persona en que se ha convertido su hijo y que le dejen volar y cometer sus propios errores, de los que saldrá reforzado. Esto no significa que no deban haber límites, pero estos deben ser propuestos desde el respeto (a su intimidad, a su vivencia interna de las situaciones, a sus características personales) y sobretodo coherentes con la edad y la situación.

El hecho de estar presentes y mostrarle confianza le harán sentirse sentido, como menciona Siegel, lo que es la base de una sana autoestima que ayude al adolescente a hacer frente al reto de convertirse en adulto.