Cuidando el jardín donde un día viviremos

Hace unos meses, el Dr. Alfredo Canevaro nos visitó para dar un taller sobre la invitación de los familiares significativos en terapia individual. Su teoría con enfoque sistémico tiene importantes implicaciones en el área de pareja, y aunque no era el tema del taller, salió a relucir.

Siendo pareja, además de padres

Siempre es un placer nutrirse de los conocimientos de alguien de su talla, y dijo una frase que me gustó mucho y que he incorporado a mi repertorio. Hizo referencia a la esfera de pareja cuando se tienen hijos usando la metáfora de la relación de pareja como un jardín que hay que cuidar y dijo: “Reservad un espacio en vuestro jardín y poned unas vallas. Conforme vuestros hijos vayan creciendo, id ampliando ese espacio; conservad vuestro jardín, cuidadlo, preservaldo, porque un día, viviréis en él.”

Con el ritmo que llevamos hoy en día a veces es dificil llegar a todo y cuando se tienen hijos, esta actividad frenética se puede elevar exponencialmente.

Aún así no debemos olvidar que además de padres, somos pareja y hay que cuidar cada esfera como se merece.

Si no se programan espacios para ello es posible que las tareas cotidianas engullan aquellos espacios dedicados exclusivamente a la pareja, lo que puede causar un deterioro en este área. Otras veces se reserva un espacio físico pero no un espacio mental, y nos encontramos hablando de las actividades extraescolares de los niños en una cena que se había programado “romántica”.

¿Es nuestro jardín un lugar agradable?

Volviendo a la metáfora del jardín ¿a quién le apetece estar en un lugar descuidado, repleto de malas hierbas, árido e insulso? A nadie. Y por eso, cuanto menos cuidamos ese jardín, menos nos apetece estar en él. De la misma manera, si no cuidamos la intimidad en la pareja, el desgaste se puede traducir en una serie de conflictos que provocaran que tengamos menos ganas de permanecer en dicha intimidad, desgastando todavía mas la relación.

Por eso, se tengan hijos o no, lo más recomendable es que cuidemos los espacios para alimentar y mantener lo que un día nos unió y no dejar que la rutina, el cansancio o los problemas externos a la pareja engullan esos espacios.

Esto sirve para todas las parejas pero cuando se tienen hijos, existe el reto añadido de conservar un espacio para ser padres y otro, diferenciado, para ser pareja.

He conocido personas que me han dicho que tras la emancipación de los hijos se habían sentido conviviendo con un “extraño” refiriéndose a su pareja. Durante años los encuentros, conversaciones, preocupaciones y alegrías habían girado entorno a los hijos. No habían puesto vallas a su jardín.

Reservar espacios

Igual que programamos espacios para las “obligaciones” podemos programar espacios para el placer, en este caso, el placer compartido con nuestra pareja.

¿Qué os gustaba hacer cuando empezásteis vuestra relación?

¿Cuánto hace que no lo hacéis?

¿Cuánto hace que no tenéis una conversación en que no aparezcan temas relacionados con la esfera de padres?

¿Programáis actividades en pareja, sin los hijos?

La respuesta a estas preguntas nos darán un primer indicio de cómo estamos cuidando nuestro jardín y empezar a realizar acciones para que sea un lugar agradable donde cada vez nos apetezca más estar y en el que sea agradable quedarse cuando los hijos, como es ley de vida, vuelen hacia su proyecto existencial propio.