“Te odio papá!”- Síndrome de Alienación Parental-Segunda Parte

En el artículo de la semana trataba sobre el S.A.P. y esta semana profundizaré un poco más sobre las causas y las consecuencias que tiene en la vida adulta

Por qué se produce?

Cuando los adultos no resuelven sus diferencias de forma madura, pueden fácilmente entrar en una lucha de poder sobre quién es el culpable del problema en una relación, y no es extraño que el dolor que conlleva esta guerra entre los progenitores acabe salpicando a los hijos, que acaban reproduciendo inconscientemente el conflicto entre los adultos al sentirse presionados a posicionarse a favor de uno u otro progenitor, como estrategia de supervivencia…

Cuando somos niños, nuestro equilibrio emocional y seguridad dependen del vínculo que se construye con los progenitores, siendo estas figuras importantes de igual modo, no debería haber uno que valga más que otro. Por este motivo, los niños no deberían percibir a uno como bueno y al otro como malo, ya que eso rompería su seguridad emocional, y por tanto arrastrarían el malestar resultado de ese conflicto familiar a sus relaciones en la vida adulta. En determinados casos es fácil apreciar cómo el niño adquiere un papel protector del progenitor al que siente como más débil, el perdedor o el abandonado, ejerciendo una función defensora que no le corresponde. Esta función puede llevarle incluso a rechazar cualquier contacto con el otro padre, al que percibe como causante del problema, y acabar desarrollando las consecuencias que se describen a continuación.

Cuáles son las consecuencias del S.A.P. en la vida adulta?

  • Confusión. Adultos que tienen recuerdos confusos de su infancia. Porque el progenitor “alienador” (el que envía mensajes negativos al niño del otro progenitor”) alecciona al hijo para que éste valore el recuerdo de la forma que el alienador desea. La presión que percibe el niño es tan grande que incluso acaba generando una distorsión en la percepción que tiene éste de los recuerdos con el progenitor alienado (de quien se habla mal). Con el tiempo, los recuerdos del niño se modifican sustituyéndose por los recuerdos que les hicieron creer que existieron, a través de las sensaciones y emociones que les provocaron. Esto pasa porque la memoria humana funciona de este modo: los detalles de lo que ocurrió se van perdiendo, pero la emoción derivada de una experiencia determinada perdura, impregnando el recuerdo y siendo lo primero que recordamos. En el caso de los niños que sufren S.A.P. sustituyen la emoción no deseada por el progenitor que aliena, por una emoción que el alienador sí que acepta y refuerza (como por ejemplo, cuando el niño manifiesta emociones negativas hacia el otro progenitor). Esta presión ejercida por el “alienador” no borra el recuerdo del niño, sino que lo reprime, como una forma de protegerse del malestar que provoca la presión del alienador.

 

  • Sentimiento de amenaza. Las personas que han sufrido S.A.P. suelen sentirse amenazados ante la posibilidad de pérdida y con sentimientos de haber traicionado al progenitor alienador, de quienes sienten que dependen emocionalmente, si contradicen los deseos del alienador a rechazar al alienado. Para un niño, la mínima posibilidad de perder ese afecto le hace temer lo peor, que se acabe su mundo. Muchas de las víctimas del S.A.P. lo describen como un sentimiento de “infidelidad” hacia el progenitor alienador que les conecta con un fuerte sentimiento de pérdida, ante lo cual se protegen desarrollando una actitud complaciente. A veces el alienador establece ese control hacia el niño de una forma muy sutil, sin mensajes explícitos, pero el niño entiende muy bien qué hacer y qué no hacer para que papá o mamá no se enfaden.

 

  • Las mentiras, como estrategia de supervivencia. En la línea de lo comentado en el apartado anterior, desde muy pequeños los niños leen la tensión, siendo capaces de percibir el deseo que tiene el adulto que les interroga y lo satisfacen como una forma de protección si perciben que contar la realidad les pudiera traer problemas. Por este motivo muchos niños aprenden a mentir, o a modificar la realidad acorde con la que desea escuchar el adulto. Esto puede tener graves consecuencias en el niño alienado, que se puede acabar convirtiendo en un adulto que contempla la mentira y la manipulación como estrategia para relacionarse con los demás y conseguir la aprobación de su entorno.

 

  • Tener miedo a la reacción de mamá/papá. Es sorprendente como estos adultos, que sufrieron S.A.P. en sus infancias, a pesar de que puedan ser personas independientes en el resto de áreas de su vida no sean capaces de contradecir a sus padres. Ese miedo se perpetuará en la etapa adulta porque ha sido la estrategia del alienador, que transmitirá directa o indirectamente el mensaje hacia el hijo de que “lo que le ocurra a mamá o papá será culpa tuya”, un chantaje emocional que tiene como objetivo que los hijos se sientan culpables y por tanto, que estén bajo su control para compensar los propios miedos del adulto alienador.

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