¿Soportas o toleras?

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Soportar es uno de los malestares más claros a nivel corporal.

Cuando soportamos un peso, una carga física, durante mucho tiempo, acabamos por dejarlo en el suelo o en el peor – ¡o mejor!- de los casos, lo tiramos contra él; deshaciéndonos así de la carga y de la molestia que nos suponía de un porrazo.

Cuando esta carga es física, se hace más evidente nuestro malestar. Podemos decir: “tengo un peso enorme en los brazos, en la espalda o me duelen las manos de aguantar esto”.

Aguantar y soportar con primos hermanos.

Igual que no podríamos aguantar un peso de 100Kg en nuestra espalda durante mucho tiempo, debemos identificar qué carga emocional estamos aguantando y cuánto tiempo hace que soportamos ese peso.

“No lo entiendo pero lo soporto”.

Cada vez que decimos esta frase estamos cargando más peso a nuestro cuerpo.

El secreto está en TOLERAR.

Tolerar implica descargar ese peso en el suelo, guardarlo en el armario e incluso compartir el peso con el otro.

Muchas relaciones, ya sean de pareja, de amistad o familiares, bromean con aquello de: “no lo soporto, pero lo aguanto porque le quiero”.

Bien, la clave está en entender:

1. ¿Cuás es nuestra carga?
2. ¿Qué parte de esa carga he cogido yo y qué parte pertenece al otro?
3. Tratar esa carga emocional como si fuera física e intentar deshacernos de su peso.

En el momento en que toleremos esa carga, pasaremos de 100Kg a 100g. ¡O a ninguno!

Es importante sentir la diferencia entre soportar y tolerar. ‘Soportar’ es una carga en sí misma. Una carga muy negativa.