Las supervivientes de los abusos infantiles.

 

Durante años un tema ha permanecido oculto, el de los abusos sexuales que un buen número de personas ha sufrido durante su infancia y adolescencia, y que con frecuencia tiene repercusiones emocionales en su vida adulta.

La comunidad científica y la sociedad en general parece capaz de enfrentarse a una constatación: muchos niños y niñas sufren, durante su infancia, abusos sexuales; a menudo estos abusos son cometidos por familiares de la víctima y a menudo dejan secuelas duraderas.

Las dificultades para investigar un tema socialmente tan oculto hacen difícil poder concretar el porcentaje de la población que sufre abusos sexuales. Sin embargo, las cifras son en cualquier caso bien expresivas, oscilando, según los autores, entre el 20% y el 30% para niñas y entre el 10% y el 20% para niños .Los casos en que los abusos sexuales son cometidos por familiares de las víctimas son especialmente graves, no sólo porque potencialmente se producen de forma más oculta y durante periodos de tiempo más prolongados, sino porque la ruptura de la confianza y la alteración del normal vínculo familiar que suponen, implican generalmente consecuencias más profundas para el desarrollo emocional de la persona.

 

Consecuencias en la persona adulta.

Tanto el conocimiento científico como la práctica profesional confirman que crecer en un entorno de abusos y malos tratos es un importante factor de riesgo para el desarrollo de múltiples consecuencias adversas.

Tanto la experiencia clínica como los resultados de la investigación indican que la experiencia de abuso sexual es un factor de riesgo para el adecuado desarrollo de las personas, que afecta a todas las áreas de la su vida, y que se manifiesta con:

  • Problemas emocionales: baja autoestima, ansiedad y la depresión, ideación y conducta suicida.
  • Problemas cognoscitivos y de rendimiento académico: dificultades de atención y concentración, así como conducta hiperactiva.
  • Problemas de relación: menos cantidad de amigos, dificultades para confiar en los demás.
  • Problemas de conducta: conducta agresiva y disruptiva.
  • Problemas sexuales: sexualidad insatisfactoria y disfuncional, conductas de riesgo sexual.
  • Problemas de tipo funcional: problemas de sueño o trastornos de la alimentación.

Más allá de los síntomas específicos, nos gustaría destacar el legado de culpa, auto-desvalorización y desconfianza interpersonal que el abuso puede dejar en la persona que lo ha sufrido. Secuelas éstas que, junto con la imposición del secreto por parte del abusador, pueden encerrar a la víctima en un estrecho reducto de vergüenza y silencio.

Añadir que crecer en un entorno de violencia conlleva sentimientos de falta de control y vulnerabilidad, asociados con múltiples problemas psicológicos. Estas vivencias violentas destruyen el denominado sesgo optimista, según el cual las personas subestimamos nuestra vulnerabilidad personal ante acontecimientos vitales adversos.

 

La importancia de trabajar el abuso en el marco de un proceso psicoterapéutico.

Por todo lo dicho anteriormente, parece evidente la importancia del tema desde el punto de vista psicoterapéutico. La experiencia de abuso sexual conlleva importantes repercusiones para sus víctimas en todos los periodos del ciclo evolutivo, siendo necesario que los profesionales sean capaces de detectar estas problemáticas para poder intervenir en estos casos de forma adecuada y eficaz. Si los abusos sexuales pasan a convertirse en un tema terapéutico, la terapia posiblemente deba moverse a dos niveles:

  • Reelebarorar el trauma desde el punto de vista intrapersonal e interpersonal: contrarrestar y modificar los mensajes destructivos que el abuso haya podido imponer a la víctima, es proporcionar algún tipo de “cierre narrativo” que permita integrar y superar estos episodios tan destructivos
  • Ayudar a la consultante para manejar los síntomas incapacitantes que la experiencia de abuso pueda haber dejado, como por ejemplo: enseñarle técnicas de relajación o meditación para manejar mejor la ansiedad, trabajar las relaciones sociales se han visto afectadas, etc.

El objetivo final de la terapia es ayudar a las personas a que pueda evolucionar en su relación con la experiencia traumática que supuso el abuso sexual. En esta evolución, la persona entra en el estadio de “víctima” cuando cobra conciencia de que alguien ha abusado de ella, que esos abusos se han producido contra su voluntad, y que han tenido un efecto negativo sobre su vida. Un segundo estadio sería el de “superviviente”, que correspondería a una persona que ha conseguido reclamar para sí su propia vida y seguir adelante a pesar de la experiencia del abuso, sin permitir que el legado negativo interfiera en su vida. Y, finalmente, habría un tercer y último estadio en el que la persona ya ni siquiera se define a sí misma en relación con el abuso, sino que ha encontrado lo que Yvonne Dolan denomina su “auténtico yo”.