Aprender a disfrutar de la soledad.

Frecuentemente, el término “soledad” puede sugerir aislamiento, abandono, separación, vacío, tristeza y angustia. En este artículo, me gustaría dar una connotación diferente a este concepto.

En la sociedad actual, ya no es necesario estar solos físicamente hablando, ya que en cualquier momento basta con pulsar un botón para que aparezca compañía. En este mundo online, nadie está lejos nunca, todos parecen estar constantemente a nuestra disposición.

A pesar de esto, la fragmentación social actual de los lazos sociales fomenta un sentimiento de soledad que limita nuestras vidas, no estamos físicamente solos, pero nos sentimos solos. Nunca antes el ser humano se había sentido tan solo teniendo tanta gente a su alrededor.

Por lo tanto, la soledad es una experiencia emocional, una percepción extremadamente personal y subjetiva. Eso explica que haya quién estando en su propia compañía se sienta sumamente plena y feliz, y también quien se sienta sola y desgraciada aun teniendo muchos amigos cerca.

El miedo a la soledad.

Cuando el miedo a sentirte sola crece, muchas veces se vuelve incontrolable y provoca un alto nivel de angustia. La persona que lo padece puede tener sensaciones de temor y ansiedad, un miedo persistente al abandono y a perder a sus seres queridos. Esto puede tener como resultado la creación de vínculos afectivos codependientes y que todo lo que haga tenga un único objetivo: no estar sola y hacer todo para y por el otro, por temor precisamente a ser abandonada.

La soledad, un espacio necesario.

Pero la soledad, también puede ser vista como un espacio necesario y saludable para las personas, porque nos permite conectarnos con nuestros verdaderos sentimientos y nos ayuda a reforzar nuestra autoestima.

Las personas somos seres sociales, pero tras pasarnos el día rodeados de gente, atentas a las redes sociales y conectadas al móvil, la soledad ofrece un espacio sanador de reposo. Si toleramos la soledad, seremos capaces de crear un espacio en el cual desconectar de todo este mundo lleno de estímulos y de sobrecarga informativa.

Por lo tanto, en el camino de la soledad dejamos ese espacio para conectar sin interferencias con lo que sentimos y necesitamos.

Aprender a disfrutar de tu compañía

Algunas ideas que te proponemos para empezar a disfrutar de tus momentos de soledad son las siguientes:

  • Libérate de las etiquetas.Muchas veces hemos recibido mensajes que hemos interiorizado durante tantos años que vivimos la vida a través de ellas. Algunas de estas etiquetas pueden ser “No puedo hacerlo sola”, “No sé estar sola”, “Con ese carácter, te vas a quedar sola”. es importante detectar estas etiquetas y plantearnos ¿Qué frases cargas en tu mochila? ¿Estás de acuerdo con todas? ¿Cuál modificarías?
  • Modifica tu agenda.Seguramente está llena de compromisos y responsabilidades. ¿Cuántas horas por semana guardas un espacio para ti? Trata de elegir una hora al día de esa agenda y simplemente anota tu nombre. ¿Qué vas hacer en esa hora? Nada previsto. Lo más importante es que es tuya, para ser lo que sientas, lo que quieras.
  • Desarrolla nuevos hábitos como los que te proponemos a continuación. Te pueden ayudar a disminuir tus pensamientos y conectarte con tus emociones.
    • Disfruta (una actividad, un paisaje, una canción) sin ningún otro objetivo que el de concentrarte en lo que estás haciendo y vivirlo tomando conciencia de presente, del “aquí y ahora”. Trata de concentrarte en los sonidos, los colores, el sabor.
    • Intenta practicar ejercicios diarios de visualización. En un artículo reciente hablé sobre la práctica y los beneficios de la visualización.
    • Práctica la respiración profunda o diafragmática sintiendo cómo el aire entra en tus pulmones y llena tu abdomen.

En conclusión, la soledad no sólo no es una tragedia, sino que poder estar en nuestra propia compañía con serenidad es incluso necesario para conocernos mejor, reflexionar, tomar decisiones o dar rienda suelta a nuestra propia creatividad.

Cuando aprendemos a disfrutar de nuestra propia compañía, las relaciones con los demás pueden resultar más fáciles y más enriquecedoras, ya no que no necesitamos desesperadamente a los demás para llenar el vacío de nuestra propia soledad, sino que los elegimos libremente desde la seguridad y la confianza.

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