Tener sexo en lugares públicos

sexo en público

Muchas personas tienen una fantasía sexual recurrente: tener sexo en lugares públicos. Por supuesto, no es una fantasía fácilmente realizable, ni por la cual todos los que la tienen estarían dispuestos a arriesgar lo que se pone en juego: que te descubran, que te denuncien por escándalo público, que te vea algún conocido…

Son pocos, o relativamente pocos, los que realmente la llevan a cabo y los que lo hacen relatan que es una experiencia erótica, morbosa y sexual fuera de lo normal. “Engancha”, dicen algunos.

Para otros, esta posibilidad no deja de ser una fantasía, algo que saben que jamás llevarán a la práctica, el riesgo es demasiado alto. Y hay otras personas que ni siquiera conciben el sexo en un lugar público como una fantasía, el simple temor a ser descubiertos, a ponerse en evidencia, hace que la excitación desaparezca, prefieren la intimidad de un sitio privado.

¿Por qué es tan excitante para algunos y tan poco para otros?

El miedo y el placer, a veces de la mano

Por lo general, con los pacientes que vienen a consulta, siempre les acabo explicando que la ansiedad y el deseo sexual son antagonistas. Cuando aparecen la ansiedad o el miedo, el cuerpo tiene la tendencia a huir, a alejarse de lo que da miedo, de aquello que nos resulta amenazante. Es por ello por lo que, por lo general, en lo último que piensa el cuerpo ante una situación de miedo, es en tener una relación sexual.

Pero hay personas a las que el miedo las activa de una manera diferente, son las personas que llamamos “buscadores de sensaciones” (“sensation seekers”). Estas personas suelen caracterizarse por ponerse en situaciones límite y disfrutar de la descarga de adrenalina que a los demás mortales nos impulsaría a huir.

En estas personas, lo prohibido, lo peligroso, lo estresante, produce un efecto de refuerzo positivo en sus organismos. Es decir, les resulta, al final tan placentera la sensación de “haber sobrevivido” que necesitan más.

Son este tipo de personas, por lo general, las que practican deportes extremos, las que adoran las carreras de coches o motos, las que se harían domadoras de leones si pudieran. Y las que practican (o practicarían) sexo en lugares públicos.

El resto de la humanidad puede sentirse de alguna manera excitada ante la posibilidad de lanzarse al vacío desde un puente atada solo por los pies, o de ponerse a 300km/h al volante de un coche, pero como decíamos antes, no se expondrán al peligro, porque habrá algo en su cuerpo y su cerebro que les impida dar el paso y arriesgarse.

El Cruising, sexo en público con desconocidos

Dentro de las prácticas de sexo en lugares públicos, una de las que más de moda están ahora mismo es el “cruising“, una palabra que parece que acuñó el colectivo gay anglosajón para no despertar sospechas.

Esta modalidad de sexo en público ofrece la posibilidad de practicar sexo no solo en lugares medianamente concurridos y a plena luz del día, sino que se le suma el hecho de que a menudo se realiza con desconocidos. La mayoría de los que la practican son hombres homosexuales, aunque también los hay heterosexuales y algunas mujeres que encuentran la situación muy excitante.

Lavabos de centros comerciales o jardines públicos son los principales reclamos para estos “buscadores de sensaciones extremos”, que no sólo se arriesgan a que les pillen con las manos en la masa, sino que se arriesgan a importantes multas por escándalo público. Por no hablar de los peligros para la salud del sexo con prisas con un desconocido.

En estos casos, basta con buscar información en internet sobre cruising en tu ciudad para enterarte de los “puntos calientes” donde se dan cita estos buscadores de sensaciones.

Los que no se arriesgan tanto, pero juegan con el placer en público

Por supuesto, como en todo, hay muchos niveles de sexo en lugares públicos. Hasta ahora he hablado de los más evidentes y “peligrosos”, pero hay otro tipo de sexo en público que está mucho más presente en nuestras relaciones.

¿Quién no ha acariciado sensualmente la pierna (o la entrepierna) de su pareja por debajo de una mesa en un restaurante? Hay muchas maneras de experimentar esa sensación de adrenalina en el cuerpo sin arriesgarnos tanto.

Si te apetece, ¿por qué no pruebas a llevar un vibrador introducido en tu próxima cena de amigos? Dale el mando a distancia a tu pareja, y jugad a tener sexo en público, ¡sin que nadie lo sepa!