Tomar conciencia del presente.

 

Muchas veces el ritmo al que estamos sometidas hace que no estemos conectadas a nuestras emociones y sensaciones corporales. Esto hace difícil que podamos conectar con lo que realmente queremos y necesitamos. En ocasiones, caminamos anestesiadas por la rutina, sin tomar conciencia de aquello que nos quita energía, y por lo tanto, no nos revelamos, no reaccionamos y simplemente dejamos que los acontecimientos se vayan sucediendo.

Para poder ejemplificar este estado de no consciencia me gustaría compartir este breve relato:

La rana hervida.
Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.
Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.

Por lo tanto, es importante ofrecernos estos momentos de introspección y conexión que nos permitan cada día ser más conscientes todo aquello que nos está mermando la energía y queremos cambiar.