Un cuento sobre autoestima: validar tus sentimientos

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“Una princesa de un reino lejano quería encontrar el príncipe perfecto para casarse. “No aceptaré casarme con nadie que no me profese un amor verdadero” decía a todo aquel que quería oírla. Por este motivo, el rey le preguntó de qué manera pensaba elegir marido, ya que se acercaba la hora de casarla y dar herederos al reino. “Sólo me casaré con aquel que sea capaz de dar todo por mí. Para este fin propondré una prueba: el hombre que quiera mi mano deberá aguantar 365 días y 365 noches viviendo a los pies de las murallas, sin moverse ni un solo día.” El rey aceptó tal prueba y la proclamó por todo el reino, de modo que se congregaran todos los jóvenes aspirantes antes del 1 de enero.
Fueron miles los que se presentaron, pero el frío del invierno hizo que la mitad se retiraran. Las lluvias de la primavera se llevaron a buena parte del resto y los rigores del verano a otros muchos más. Finalmente, quedaron 10 unas semanas más. Pero la escasez de provisiones también los hizo sucumbir hasta que quedó sólo 1, resistiendo bajo la nieve hasta el día 364.
La princesa estaba loca de contenta, ya que por fin tenía a su príncipe y era de su agrado. En varias ocasiones se había aproximado disfrazada a las murallas a observar a los jóvenes, y su último pretendiente era guapo, valiente y sin duda bueno, ya que lo había visto en sus ojos al acercarse. Y lo más importante, sin duda la amaba para aguantar tanto a sus pies. El rumor se extendió y llegó a oídos del joven. “Ánimo, ella te ha escogido, una noche más y será tu esposa”.
Sin embargo, esa misma noche, el joven abandonó. Recogió sus cosas y se fue a su casa. Al verlo, su madre le preguntó cómo se había rendido a las puertas con todo lo que había sufrido y lo mucho que amaba a la princesa. “Precisamente por eso, madre. Mi amor está más que demostrado. Sin embargo, ella me conoció, me escogió y quiere casarse conmigo, pero no piensa aliviarme ni una noche de sufrimiento. Alguien que no es capaz de ahorrarme ni el más pequeño sufrimiento ¿es digna de mi amor?”

head-heartMuchas veces la respuesta para aliviar nuestro sufrimiento está en nuestras manos y no nos damos cuenta. Estar tan pendiente de agradar y contentar al otro constantemente hace que nos olvidemos de dar espacio a nuestros propios sentimientos. Puede tanto el miedo a que el otro se vaya que no nos paramos a preguntarnos qué sentimos de verdad nosotros, qué nos aporta la relación, que emociones nos despierta compartir con esa persona (ya sea la pareja, una amistad o un familiar). En definitiva poner en una balanza lo que invertimos a nivel emocional para que esas relaciones funcionen y los beneficios ‘reales’, positivos y que de verdad nos aportan algo en la vida. Muchas veces hay que romper la lista de motivos por los que mantenemos una relación y ser conscientes de lo que el tiempo con esa persona nos hace sentir y pensar sobre nosotros mismos.