Un día sin trabajo, un día sin comida.

Emprender el camino hacia el cambio, practicar meditación o hacer un proceso terapéutico implica un compromiso permanente de dedicar cada día un espacio a trabajar todos aquellos aspectos que queremos cambiar. Sin este trabajo cotidiano es difícil poder llegar a generalizar nuevos conocimientos y habilidades, y por lo tanto, a alcanzar los resultados que queremos obtener.

Para ejemplificar esta idea os dejo con el siguiente cuento:

Hyakujo, el maestro Zen chino, solía trabajar con sus alumnos incluso cuando llegó a los ochenta. Podaba los jardines, barría los patios y realizaba otras tareas necesarias.

Los alumnos sentían ver trabajar tan duramente a su ya anciano maestro. Pero ellos sabían que él no escucharía sus consejos y no dejaría de trabajar, así que le escondieron sus herramientas para que pudiera descansar.

Aquel día, el maestro no comió en todo el día, así que finalmente, uno de los alumnos le preguntó : “ Maestro, no ha comido nada en todo el día, ¿no va a cenar?”. El maestro lo miró fijamente y respondió: “Un día sin trabajo, un día sin comida”

Los alumnos enseguida entendieron el mensaje del maestro y al día siguiente les devolvieron sus herramientas.

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Nulla dies sine linea o ‘ningún día sin una línea’. Este proverbio se atribuye a Cayo Plinio Cecilio, pintor oficial de Alejandro Magno, quien según parece no pasaba ni un día sin dibujar, aunque sólo fuera una línea.