Vivir como si fuera un examen

 

examen

 

Cuando vives la vida como si fuera un examen, estás la mayoría del tiempo en tensión, en sensación de juicio, infravalorandote, dominándote el miedo y con él, a veces el bloqueo. Lo que haces, necesitas ubicarlo en uno de los polos de la ecuación; valorar lo que haces como “correcto vs incorrecto”, “lo he hecho bien vs lo hice mal”, “fracasé vs tuve éxito”. No hay posibilidad de relajarse, por el gran miedo o pánico a equivocarse, NO ERES LIBRE.

La situación se complica cuando esperas que sea el otro el que”te ponga la nota de aprobado”. Que la paradoja llega cuando no depende de ti el aprobado, ya que si el otro decide ponerte a examen, también decide poner la nota que la da la gana (a veces independientemente de lo que hayas hecho).

En estos últimos días en terapia he conversado con varias personas, con las cuales la sensación de examen en su día a día estaba presente. Un hombre que se plantea como SU objetivo que su mujer disfrute en el sexo, obteniendo como consecuencia no disfrutar él ya que su objetivo no está bajo su control, provocando tensión y a la larga bajo deseo sexual.

Una mujer que comparte conmigo que sufre, se cuestiona, se juzga y critica porque cree que no quiere a su pareja como “debería quererle” , agravándose más el sufrimiento y preocupación cuando él le dice “yo te quiero más que tú me quieres a mí” .

Un hombre que teme acercarse a una mujer que le gusta porque tiene pánico a ” fracasar”.

“Otra mujer que después de romper la relación en la que estaba sufriendo desde hacia tiempo, duda de si ha hecho lo “correcto”

En algún momento de nuestra historia aprendimos (la mayoría de veces desde una persona significativa para nosotros, como es el padre o la madre) quesuspensoe equivocarse está mal,que hay una única forma correcta de hacer las cosas (la mayoría de veces la que los padres quieren), o que lo que has hecho no es suficiente, que podías hacerlo mejor. Las consecuencias de dicho “espeluznante e imperdonable ERROR” han sido graves; como castigos (de diferentes grados), comparaciones, insultos, humillaciones o en algunos casos hasta retirada de amor.

Y creces pensando que cada paso que das puede ser el último, que tu vida está en juego a cada instante, el miedo te domina porque tienes que tener claro cada movimiento que haces ya que tiene que ser el correcto.

exito-vs-fracaso

 

Quiero acabar con una conversación que tuve con un chico en terapia, en la que comentábamos que las en una situación en modo “examen” no puedes ser disfrutarla. En ese momento él me comenta que tiene una experiencia en la que un examen lo disfrutó (que ha sido una excepción en su vida) .

Y me explica:

“Cuando estaba sacándome el carnet de conducir, en un momento un alumno preguntaba mucho sobre el examen y tenía serias dudas, y al final el profe, el día antes del examen nos soltó el discursillo: “No se lo tomen como un examen de colegio a aprobar o suspender sino, una oportunidad para demostrar que tiene los conocimientos suficientes para sacarse el carnet de conducir

Cuando subió a examen estaba relajado, confiaba en sí mismo y conectado con sus recursos y APROBÓ. (Ojala todos los padres, examinadores, docentes y profesores nos enviaran estos mensajes tan cargados de positividad y confianza en el otro)

 

Me gustaría dar otras opciones si quieres que tus hijos o personas significativas puedan vivir el error como una oportunidad para crecer, que lo vean como lo que es, “simplemente esta vez no ha funcionado”, en vez de decir “lo haces mal” podríamos expresarlo diciendo “este experimento no me ha gustado o no te ha salido bien”. Incluso, dándole una vuelta más a la tuerca, planteo otra forma de decir algo que no nos gusta , y es decir todo lo contrario, expresar lo que queremos ver, por ejemplo en vez de decirle a un niño “¡mal hecho!, eso no se hace. No bajes de la acera”, se le podría decir “los niños pequeños van por la acera”

El otro día me dijeron una frase que me gustó mucho “unas veces sale bien y otras veces aprendemos”. Si viviéramos el error como un ensayo, como un aprendizaje, como nueva información, creceríamos de una forma más sana, nos daríamos más permisos a experimentar, a vivir conectados a nuestros recursos, y a confiar en nosotros.