Vivir con dolor crónico.

Actualmente, sabemos que el dolor es una experiencia sensorial y emocional, es decir subjetiva. Antes se pensaba que su presencia implicaba únicamente la existencia de un daño físico, sin embargo, actualmente la ciencia nos ha llevado a considerar la importancia que tiene la vivencia subjetiva del dolor, ya que éste genera importantes reacciones emocionales que pueden potenciar el sufrimiento que lleva asociado.

El dolor suele estar asociado a la percepción de un daño físico. Pero entre el daño y el dolor intervienen una serie de factores de tipo psicológico. No todas sentimos el dolor de la misma manera y con la misma intensidad; y nosotras mismas unas veces lo aguantamos mejor que otras dependiendo de nuestro estado de ánimo.

El dolor tiene una función de alarma, que nos motiva a movilizarnos para intentar reparar el daño físico que pensamos que lo genera. El dolor suele ser una sensación desagradable, por lo tanto, el miedo al dolor es una reacción habitual en las personas.

Si el dolor se hace crónico, puede tener un fuerte impacto en la vida de las personas que lo sufre, que puede implicar:

  • Disminución de las relaciones sociales, aislamiento.
  • Baja autoestima.
  • Limitación en el ámbito laboral.

Aceptar el dolor.

Normalmente tenemos la experiencia de que el dolor es pasajero y controlable; pero cuando aparece un dolor persistente, es difícil aceptar esta nueva realidad.

En el caso de un dolor crónico, la lucha por evitar el dolor suele fracasar y esto nos puede generar un sentimiento de impotencia y la aparición de otras emociones como tristeza y rabia.

Por lo tanto, el propio dolor puede acabar generando un estado afectivo, que a su vez puede incrementar el sufrimiento asociado a él, generando una serie de emociones desagradables que pueden llegar a ser indistinguibles del propio dolor. Si, por ejemplo, el dolor hace que cada vez nos vayamos aislando más de nuestro entorno; el sufrimiento que está asociado al dolor, acaba siendo más limitante que el que corresponde solamente al factor físico asociado.

Cuando nos encontramos ante el dolor crónico, uno de los principales objetivos de la terapia, será trabajar la actitud de aceptación ante la sensación de dolor, y romper el círculo vicioso, que puede limitar nuestra vida, y que puede añadir sufrimiento a la situación de tener que convivir con el dolor crónico.