Vivir instalado en la queja.

¿Conoces a alguien que se queja con frecuencia? O tú misma, ¿Te has instalado de manera frecuente en la queja a la hora de afrontar tus problemas?

El problema de instalarse en la queja puede ser que llevado al extremo, y es entonces cuando las personas se muestran como víctimas de manera permanente y responsabilizan continuamente a los demás de todas sus aflicciones.

Instalarse en la queja implica no buscar soluciones y no emprenderlas, no pedir ayuda para solucionar sus problemas y solo lamentarse de sus problemas en busca de compasión.

 

 

Pero, ¿Qué nos aporta la queja?

A corto término, nos ofrece un alivio inmediato, ya que nos permite postergar algún asunto que requiere nuestra energía para ser solucionado, pero a largo plazo, precisamente, nos resta energía y capacidad para resolver dichos problemas, y por lo tanto, nuestras posibilidades de cambio.

Poco a poco, cada vez que nos instalamos más en la queja y nos sentimos cada vez más cómodas, nos vamos alejando más de posiciones de responsabilidad orientadas a las soluciones.

Esto no quiere decir que no podamos quejarnos, de hecho, a veces, es importante expresar nuestras preocupaciones y frustraciones como vía de desahogo, pero una vez hecho esto es importante también poder abandonar esta queja para asumir posiciones más dirigidas a la búsqueda de soluciones y al cambio.

¿Qué podemos empezar a hacer para abandonar la queja?:

  • Entrenarnos en el arte de agradecer. Tomar consciencia de los cientos de detalles cotidianos por los que sentirnos profundamente agradecidas y expresarlos.
  • Fomentar una actitud responsable ante las dificultades y buscar soluciones si es que las hay. Trabajar en la aceptación si no existe ninguna solución.

Muchas veces en terapia trabajamos para que la persona pueda tomar actitudes más adultas y responsables, abandonando la barrera que puede suponer la queja.