Volver de vacaciones

Para algunas personas la rutina es su manera de funcionar más óptima, pero la verdad es que para la gran mayoría, el retorno de vacaciones supone una gran conmoción.

Vivimos la readaptación a los hábitos rutinarios como una situación de estrés, aunque es un estrés normal que exige el mismo contexto. Se trata de un proceso de activación de sistemas cognitivos y conductuales adaptativos y también de ritmos biológicos, puesto que nuestro reloj interno se ha habituado a un ritmo y de repente lo volvemos a cambiar. Y esto toma su tiempo para todo el mundo.

El problema aparece cuando este proceso de transición entre las vacaciones y la rutina no se realiza correctamente y este cambio requiere un esfuerzo que la persona no es capaz de hacer. Entonces, aparece el síndrome post-vacacional, sufrido por un 60% de la población.

Existen diferentes motivos por los cuales aparece este síndrome. Puede ser por falta de motivación laboral, unas vacaciones no disfrutadas o tener pocas habilidades de adaptación (exceso de rigidez, exigencia, cerrarse en un mismo…)

descargaHay que destacar que no está considerado una enfermedad, sino que se define como un conjunto de síntomas que se pueden prevenir. La sintomatología es: agotamiento, bajo rendimiento, falta de hambre, baja concentración, inseguridad, dolor muscular y migrañas, evitación de situaciones, estado anímico negativo e irritabilidad, desinterés y nerviosismo.
Al regresar al trabajo todos estos síntomas afectan a las tareas laborales, por ejemplo, costará más tomar decisiones, abordar temas difíciles, hacer varías cosas a la vez… aparece apatía y lentitud. La persona que lo sufre tiene dificultades reales para ordenar la agenda y poner en marcha las gestiones pendientes, haciendo así que entre en una espiral de acumulación de trabajo que todavía genera más estrés.

Para prevenir el síndrome post-vacacional, podemos hacer una serie de acciones ya antes de irnos de vacaciones. Por ejemplo: evitar programar unas vacaciones de un mes totalmente desconectados del trabajo e intentar repartir las vacaciones en dos periodos durante el año.
Antes de marchar, hacer limpieza y planificar el retorno con tareas cortas, dejar las reuniones importantes y temas difíciles para la semana siguiente a la vuelta.

También, si durante las vacaciones hacemos acciones cómo: descansar al máximo, mantener actividad intelectual, volver unos días antes de empezar a trabajar e incorporar los hábitos de la rutina progresivamente, etc. Evitaremos situaciones de estrés que agraven nuestro estado.
Y finalmente, las acciones que podemos hacer después de las vacaciones son: seguir haciendo algunas actividades que hacíamos durante las vacaciones, como jugar con los hijos, salir al atardecer a cenar, ver a los amigos… actividades que nos hacen estar positivos.

Hacer un cambio físico al puesto de trabajo. Organizar la agenda considerando sólo lo que es urgente e importante y dejar unos días antes de ponerse a hacer lo que es muy importante o sólo urgente. Mantener horarios flexibles los primeros días nos ayudará a sentirnos menos estancados.
De todos modos, para la prevención de este síndrome lo mejor es hacer un cambio de perspectiva global respecto a qué significan las vacaciones. Esto quiere decir, evitar pensar en las vacaciones como la “Panacea” o la “Solución a nuestros males”, sino como un periodo de descanso y de disfrutar de la familia sin idealizarlas como si fueran el mejor momento del año.

La herramienta más útil que tenemos para mantenernos en un estado positivo, es la ilusión por nuestro día a día. Si estamos ilusionados, este periodo de transición se hace casi imperceptible.
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Por lo tanto, una manera de prevenir este síndrome, y muchos otros, es idear la vida que nos ilusiona. Si el trabajo no es el que más deseo, pero no tengo intención de cambiar, entonces, mejor pensar en positivo y sacar aquello bueno que tiene mi trabajo. Si puedo hacer algo para cambiar mi vida, analizo el cómo y pienso maneras de llevarlo a cabo.
Una manera de tener ilusión es enfocar nuestra mente hacia nuevos retos y ver los posibles beneficios que nos puede aportar la próxima etapa laboral. Esto nos ayudará a poner en marcha acciones de voluntad y de actitud positiva.
Para muchas personas el mes de septiembre es como el mes de enero, es su año nuevo! Y hacen la lista de nuevos propósitos y de marcar objetivos ahora. De hecho, es más provechoso hacerse un plan de acción en septiembre que en enero, puesto que tenemos mucha energía y el día tiene más horas y se puede aprovechar más. Además, durante las vacaciones hemos podido disponer de momentos de tranquilidad para pensar en aquellas cosas que queremos cambiar o conseguir. Algo que, el primero de enero, después de unas fiestas intensas, sin descanso y de mucha actividad, es menos probable que hayamos hecho.

 

Así que, con ilusión, feliz nuevo curso!