Ya estamos en pleno verano, y con ello, las olas de calor, la ropa acorde, los bañadores, la playa, las piscinas, los tardeos con amigos… 

Exponer más el cuerpo en estas fechas puede hacer que empecemos a mirarlo con otros ojos. Hay más comparación, aparecen las inseguridades, y puede convertirse en algo realmente incómodo sobre todo si cuando nos miramos siempre salimos perdiendo. Podemos incluso llegar a pensar que no queremos que nos vean así o que antes de mostrarnos, tenemos que perder unos kilos. 

Vivimos en una sociedad en la que, desde pequeños, aprendemos que nuestra imagen puede ser evaluada constantemente. Podemos haber recibido o escuchado mensajes relacionados con la apariencia en nuestra familia, en la escuela, en la televisión, entre amigos o en las redes sociales. Y poco a poco, esos mensajes acaban formando parte de la manera en la que aprendemos a mirarnos (Mesa de Diálogo para la Prevención de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, 2014). 

La diversidad corporal es lo habitual

 La imagen corporal es un componente de nuestra autoestima. Es el resultado de la representación que tenemos de nuestro cuerpo: cómo lo percibimos, qué pensamientos y sentimientos tenemos acerca de él, y cómo actuamos (Raich, 2023). 

 A lo largo de la historia, el concepto social de “cuerpo ideal” ha ido cambiando. Hemos pasado de épocas donde formas más corpulentas significaban riqueza a épocas donde ser muy delgado significa tener status. Y, aunque hay una presión de la imagen tanto en hombres como en mujeres, las mujeres coronamos este pódium. 

Si paseamos un día tranquilamente y observamos un poco a las personas que nos rodean, veremos que no hay dos cuerpos iguales (lo que realmente hay es muchísima diversidad). Los cuerpos cambian y son diferentes por muchos motivos: edad, genética, estado de salud, embarazo, medicación, lesiones…  

La diversidad corporal es lo habitual. No es realista esperar que todos los cuerpos tengan el mismo aspecto. Por ello es importante que tengamos muy presente que el valor que damos a nuestro cuerpo no puede convertirse en el valor que nos darnos a nosotros mismos. Ampliar nuestra visión a una más diversa y realista de los cuerpos nos ayudará a tener una mejor autoestima y una relación más saludable con la imagen corporal (Mesa de Diálogo para la Prevención de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, 2014). 

Comparación, imagen corporal y autoestima

Como he comentado antes, la imagen corporal forma parte de nuestra autoestima. Pero no podemos polarizarnos y decir que no influye nada o que es lo único que importa. Nuestra apariencia es solo una parte de quienes somos (Raich, 2023). 

El verdadero riesgo está en darnos el valor personal solo por nuestro aspecto físico. En creer que nos querremos más cuando estemos, por ejemplo, más delgados. En pensar que podremos disfrutar de la vida cuando nos veamos bien. Porque ahí estamos dejando en manos de nuestra imagen corporal todo nuestro bienestar. 

En verano y en redes sociales aumenta la comparación, y lo hacemos con cuerpos seleccionados, editados, con iluminación específica, posados, y, en muchas ocasiones, de personas que se dedican a ello.  

Esa comparación es injusta. Sin darnos cuenta, nuestro cerebro no para de compararnos con ideales físicos que no son realistas. Que sintamos vergüenza o enjuiciemos nuestro cuerpo no favorece una mejor relación con él, ni facilita seguir unos hábitos de vida saludables. Más bien, puede aumentar el malestar y la insatisfacción corporal (Gallardo, 2021).  

 ¿Qué podemos hacer?

No se trata de obligarnos a querer nuestro cuerpo todos los días, ni de repetir frases positivas si de verdad no lo sentimos. El primer paso es más sencillo: observar nuestra percepción, los pensamientos y los sentimientos que tenemos acerca de nuestro cuerpo. 

 Observar cuánto tiempo dedicamos a la evaluación de nuestro cuerpo, si estamos dejando de hacer cosas por vergüenza, de qué forma nos hablamos, o si estamos cuidando el cuerpo para agradecerle todo lo que hace por nosotros o de lo contrario, para castigarnos. 

 Mejorar la relación con nuestro cuerpo no implica cambiarlo, implica cambiar la forma en la que nos relacionamos con él. 

 Así que nuestro objetivo no es tener un cuerpo perfecto para disfrutar el verano. El objetivo es poder tener la libertad para disfrutar del verano con el cuerpo que hoy tenemos. 

 Os dejo un Short de Youtube donde precisamente se fomenta esta idea:  

 “El cuerpo ya está listo, no tengo que prepararlo para el verano”. 

 

Si sientes algún tipo de inseguridad con tu cuerpo o tu imagen, notas que no tienes libertad para disfrutar por estar demasiado pendiente de cómo crees que te ven los demás, o notas que no estás cómodo porque es algo que ocupa mucho espacio en tu vida, puede ser un buen momento para consultar

En el equipo de psicólogas de Dendros Psicologia, tanto de forma presencial como online, estaremos encantadas de ayudarte a comprender que hay detrás de ese malestar y acompañarte para que puedas relacionarte con tu cuerpo de una forma más amable mientras vives con mayor libertad. 

 

Rocío Gago
Psicóloga General Sanitaria 

 

 

Bibliografía de referencia:

  • Gallardo, A. M. (2021). Gordofobia: Una deuda en el campo de la psicología. Perspectivas, 37, 151-168. https://doi.org/10.29344/07171714.37.2671 
  • Gobierno de Cantabria, Consejería de Sanidad y Servicios Sociales, Dirección General de Ordenación y Atención Sanitaria. (2011). Guía de prevención de los trastornos de la conducta alimentaria y el sobrepeso 
  • Mesa de Diálogo para la Prevención de los Trastornos de la Conducta Alimentaria. (2014). Decálogo de buenas prácticas sobre el fomento de la autoestima y la imagen corporal en los medios de comunicación social y la publicidad. 
  • Raich, R. M. (2023). Imagen corporal. Conocer y valorar el propio cuerpo. Ediciones Pirámide. 
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