A veces necesitamos estar de baja laboral durante un tiempo prolongado. Y la vuelta al trabajo puede activar muchas emociones y una cierta desregulación interna. 

No se trata solo de cambiar el horario o volver a una rutina. Es algo más profundo: es reconstruirte, porque tú ya no eres la misma persona. Quizás han cambiado tus recursos, tu energía, tus valores, el lugar al que regresas, el clima laboral, tus compañerxs… 

Aquí te dejo algunas ideas que pueden ayudarte en esta transición: 

Márcate objetivos pequeños y alcanzables

Objetivos tan pequeños que el éxito esté asegurado, esto te ayudará a recuperar confianza. No necesitas rendir al 100% desde el primer día. Estás en el camino.
Al final de la jornada, repasa lo que sí has conseguido. Lo asumible se vuelve motivador. 

Quizá la reincorporación puede ser progresiva, podrías plantearlo a tu coordinador. 

Valida tus emociones

Pueden aparecer muchas sensaciones como: frustración, tristeza, rabia, ansiedad por el rendimiento, dudas, miedo… incluso alegría por recuperar la rutina. 

No intentes evitar sentir. Las emociones no son buenas ni malas, se activan  para informarte. Lo importante es cómo las transitas y las expresas.
Puedes prepararte un listado de técnicas de regulación emocional, preparate recursos que te ayuden a regularte  

Volver no significa decir que sí a todo

No necesitas compensar tu ausencia sobrecargándote.
Pon límites y ponte límites.  

Escucha a tu cuerpo

El cuerpo siempre está hablando. Cuando no se escucha el susurro, acaba gritando. Necesitamos aprender a percibir las sensaciones corporales. Y prestándole atención es una de ellas. 

Te propongo un recurso práctico: pon una alarma diaria en el móvil (que suene en diferentes momentos del día) para tomar conciencia corporal. No tienes que parar, solo hacer una “conciencia dual”: seguir con tu tarea mientras haces un pequeño escáner corporal de 1 minuto. Desde la cabeza hasta los pies, ¿qué sientes?, ¿qué te dice tu cuerpo? 

Toma conciencia de tu postura corporal, de la tensión que ejerces (a veces sin ser consciente) en diferentes partes del cuerpo,   

Puedes realizar algunos ejercicios de estiramiento, antes de ir al trabajo o después de éste. 

Piensa que el estrés es la respuesta que activa el cuerpo cuando percibe peligro (real o imaginado). Por lo que todo el cuerpo se pone en “MODO PELIGRO”  crea energía para atacar, huir o pedir ayuda. La dificultad es quedarnos con esa energía creada. Por lo que realizar ejercicios de descarga de energía (que no se giren en contra) pueden ayudar a volver a la regulación.   

Es momento de cuidarte en esta nueva etapa. 

Haz pausas de forma periódica

En la época Romana los guerreros alternaban entre aprender el arte de la guerra con el descanso (práctica -descanso-práctica-descanso) durante toda la jornada laboral. Hacían pequeñas paradas para volver a recuperar energía, capacidad de reacción, volver a activar la creatividad necesaria para hacer acciones diferentes en el momento del ataque.  

No esperes a sentirte agotadx para parar. Pueden ser paradas de unos minutos cada 50 minutos. Cuando tu cerebro está descansado resuelve los problemas con mayor fluidez. 

Practica darte muchas dosis de autocompasión

El lenguaje interno tiene mucho poder en nuestras emociones y en nuestro cuerpo y posteriormente en la capacidad de acceder a los propios recursos.  

Hay una frase que repetimos mucho en terapia que dice “cuidado con lo que te dices porque te lo puedes creer”. Si el lenguaje es destructivo todo tu YO estará sufriendo. La propuesta es hacerlo al revés, Practica decirte frases respetuosas, empoderadoras. Piensa qué le dirías a un amigx si estuviera en la misma situación, qué le dirías a un niñx pequeñx si estuviera sufriendo.  

Escríbete frases dulces para empezar la jornada, o frases que puedas leer a mitad del horario laboral o qué te gustaría oír al final del día.  

Ponte Post-its con mensajes motivadores a la vista.  

Como:  

  •  «He pasado por mucho y aún estoy aquí. Eso ya dice mucho de mí.» 
  •  «Mi salud importa, y cuidarme fue una decisión valiente.» 
  •  «Mi valor no depende de la velocidad con la que retome el ritmo” 
  •  “Cada dia es un nuevo paso” 

Si vuelve el malestar

No significa que hayas fracasado, sino que quizá tengas que plantearte algunas cuestiones como: 

  • Una mejorar no es lineal, necesitamos un tiempo para adaptarnos
  • Quizá la velocidad que estás tomando es muy rápida
  • También puedes reflexionar si ;¿Y si es el lugar o el contexto el que no es el adecuado? ¿he de continuar aquí? ¿Qué precio tiene mi salud? 

Si percibes que pronto estarás de alta y te está creando mucha angustia, puedes plantearte un proceso de terapia para que te acompañe en este capitulo. 

Eva Aguilar
Psicóloga

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