El otro día, en sesión, una persona lloraba por su situación. Sus emociones podrían ser de frustración, de enfado, de tristeza, de rabia, de desespero… y sus ojos reaccionaban en coherencia con lo que le estaba pasando por dentro. Pero ella repetía que sentía vergüenza por llorar, porque yo la estaba viendo en esa situación. Se había desbordado, como le pasa a una presa cuando se acumula mucha agua y las compuertas están cerradas. Lo que hará el agua será buscar otro camino; uno de ellos puede ser pasar por encima del muro o romperlo arrasando todo lo que encuentre, y en ese momento puede salir herido uno mismo u otros.
El desborde se puede salvar si dejamos salir agua por la compuerta de forma fluida cuando es necesario. No esperar a que sea demasiado tarde. Las emociones, cuando se activan, no se pueden controlar, pero sí gestionar y podemos aprender a expresarlas.
EL MIEDO A EXPRESAR LAS EMOCIONES
Un aspecto que me encuentro bastante en terapia es el miedo a expresar las emociones que se activan por dentro. Unas veces lo que cuesta es expresar la rabia, otras la tristeza.

“No tienes motivos para llorar”.
“Yo sí que te voy a dar motivos para llorar”.
“No llores”.
“Los niños no lloran”.
“No ha sido nada”.
“Es una tontería”.
“Se fuerte”.
“No llores, que te pones muy feo/fea”.
“Mira…está llorando como un niño/a”.
“Llora como un niño lo que no supiste hacer como un hombre”.
“Si te ven llorar dices cosas del tipo “ es que me ha entrado una cosa en el ojo”.
(…)
LA EXPRESIÓN DE LA TRISTEZA
Cuando lloramos, se producen cambios fisiológicos en nuestro cuerpo. Las lágrimas están compuestas por sustancias diferentes dependiendo del estado que las ha creado, no son iguales las producidas ante la tristeza, que ante el estrés.
Según el investigador William Frey II, las lágrimas emocionales contienen más prolactina, hormonas adrenocorticotrópicas y leucina-encefalina, que son elementos neuromoduladores que actúan como analgésico natural y ayudan a calmar, relajar y liberar el estrés.
El llanto tiene la capacidad de disminuir los niveles de manganeso en el organismo, que se relaciona con estados de ansiedad, nerviosismo y agresividad y llorar también permite eliminar adrenalina y noradrenalina, que se segregan en exceso ante situaciones de estrés o peligro y pueden resultar perjudiciales.
Cuando la sociedad nos permita estar tristes, cuando al ver llorar a alguien le acerquemos un pañuelo, o le preguntemos amorosamente si le podemos ayudar en algo, o simplemente podamos ver salir lagrimas en sus ojos de forma respetuosa, si juzgar, en ese momento estaremos cultivando una sociedad mejor, más sana, más humana.
El otro día estaba leyendo una novela y la escena me conmovió y me puse a llorar. Mi hijo, al verme, me preguntó qué me pasaba. En el momento que pude coger aire para respirar le dije: “estoy llorando porque estoy triste; ha pasado una cosa triste en el cuento que estoy leyendo”.
Eva Aguilar
Psicóloga