Vivimos en un momento histórico en el que la salud mental ocupa cada vez más espacio en las conversaciones públicas. Este cambio ha permitido visibilizar sufrimientos que durante mucho tiempo permanecieron ocultos y que muchas personas puedan acceder a acompañamiento para cuidar de sus emociones y resolver dificultades que puedan estar experimentando. No obstante, este fenómeno convive con otra realidad que invita a la reflexión: la tendencia a interpretar un amplio abanico de emociones y reacciones humanas naturales desde categorías cada vez más próximas a la psicopatología.

La tristeza, el miedo, la frustración, la rabia o la inseguridad forman parte de la vida humana. Sin embargo, con frecuencia se presentan como estados indeseables que deberían corregirse cuanto antes.

En este contexto, merece la pena preguntarse: ¿estamos aprendiendo a comprender nuestras emociones o estamos empezando a considerar patológica una parte inevitable de la experiencia humana?

Las emociones desagradables también son necesarias

Todas las emociones tienen una función. Nos informan, organizan nuestras respuestas y nos ayudan a adaptarnos al entorno y a los vínculos. Incluso aquellas que resultan desagradables cumplen un papel importante.

La tristeza puede invitarnos a parar y elaborar una pérdida.
El miedo puede alertarnos de un riesgo o de algo relevante para nosotros.
La culpa puede ayudarnos a revisar nuestras acciones.
La rabia puede señalar límites vulnerados.

Cuando el discurso social se centra exclusivamente en “eliminar” emociones difíciles, corremos el riesgo de perder la capacidad de escucharlas y comprender qué intentan comunicar.

El riesgo de perder tolerancia al malestar

Cuando toda emoción incómoda se interpreta como señal disfuncional, muchas personas desarrollan miedo a sentir. Y cuanto más se teme una emoción, más difícil resulta sostenerla. Paradójicamente, el intento de no sentir termina amplificando el malestar.

La salud emocional no consiste en no experimentar emociones difíciles, sino en poder relacionarnos con ellas sin quedar completamente desbordados ni necesitados de eliminarlas de inmediato.

Desde la psicoterapia,  a menudo, acompañar implica favorecer una comprensión más profunda de la experiencia emocional, situándola en el contexto de la historia personal, los vínculos significativos y las circunstancias presentes. Comprender una emoción suele ser más transformador que combatirla.

Quizá el bienestar psicológico no dependa tanto de evitar el sufrimiento como de desarrollar recursos para relacionarnos con él de una manera más flexible y significativa.

Regulación emocional

La regulación emocional es una de las capacidades que con más frecuencia se trabajan en terapia individual, aunque no en el sentido de controlar o eliminar las emociones, sino de aprender a relacionarnos con ellas de una manera más saludable.

Muchas personas llegan a consulta sintiéndose desbordadas por lo que sienten o, por el contrario, desconectadas de su mundo emocional. El proceso terapéutico permite identificar, comprender y dar significado a las emociones, desarrollando recursos para transitarlas sin evitarlas ni quedar atrapados en ellas. Gestionar emocionalmente no implica dejar de sentir, sino aumentar la capacidad para sostener la experiencia emocional con mayor flexibilidad, conciencia y autocuidado.

Si este artículo ha resonado contigo y sientes que te gustaría comprender mejor tus emociones, desarrollar recursos para gestionar el malestar o atravesar con mayor apoyo una dificultad personal, la terapia puede ofrecerte un espacio de escucha, reflexión y crecimiento adaptado a tus necesidades y circunstancias. Si deseas recibir más información sobre nuestro servicio de atención psicológica, puedes ponerte en contacto con nosotros sin compromiso.

Una lectura recomendada

Para quienes deseen profundizar en esta reflexión, recomendamos Lo bueno de tener un mal día, de Anabel González. Con un lenguaje cercano y accesible, la autora nos invita a comprender que emociones como la tristeza, el miedo o la rabia no son problemas que deban eliminarse, sino experiencias que pueden ayudarnos a entender mejor nuestras necesidades y nuestra forma de estar en el mundo. Una lectura especialmente valiosa para desarrollar una relación más amable y comprensiva con la propia vida emocional.

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