Ya con el verano a la vuelta de la esquina, veo que muchas personas empiezan a planificar sus vacaciones con la esperanza de que sea un momento destinado al descanso, a reconectar y a disfrutar, en compensación al esfuerzo que han estado haciendo durante todo el año. Sin embargo, en consulta cada vez escucho más relatos de frustración y decepción en relación a este momento del año…

Pero… ¿por qué? ¿qué es lo que ocurre cuando las vacaciones no están siendo como esperábamos?

Cuando se tienen unas expectativas muy elevadas

En algunas ocasiones me he encontrado con personas que se sorprenden de no haber disfrutado a pesar de “tenerlo todo para estar bien”: buen clima, descanso, planes con amigos y/o familia, poder salir de la ciudad, vivir sin estar pendientes del reloj… y es que cuanto más se idealiza la experiencia vacacional, más fácil es que aparezca la decepción.

Además, el fenómeno cultural de la productividad nos inculca que debemos “aprovechar el tiempo al máximo”, lo que nos suma una presión invisible. Algunas personas viven desde la exigencia el tener que desconectar, tener que disfrutar y tener que vivir grandes momentos. Y, paradójicamente, es esta exigencia la que impide que se pueda vivir lo que está pasando tal y como es, y saborear la experiencia.

En muchos casos, esta frustración tiene raíces algunas creencias, donde el descanso se convierte en una especie de prueba de valor personal: “si no disfruto, algo está mal en mí”. Por eso, trabajar las emociones en terapia permite detectar mandatos internos que generan malestar y ansiedad durante estos periodos.

El verano como escaparate en las redes sociales

El efecto que tiene en nosotros las redes sociales está relacionado con el tipo de uso que le damos. Veo en consulta mucha comparación mediante este medio. Pienso que es fuente de frustración asegurada si nos comparamos continuamente con las vacaciones “perfectas” que se muestran en redes. Pensamientos como “yo debería estar disfrutando así”, “mi entorno no es como ese”, “qué feliz está allí” … y es que ante la frustración de planes no cumplidos o estar en entornos no deseados es natural que se active la ira, el miedo, la tristeza y el malestar.

En algunas personas, incluso pueden despertarse sensaciones ligadas a baja autoestima o a formas sutiles de dependencia emocional, donde lo que “debería estar sintiendo” viene más condicionado por los demás que por un propio registro.

Las vacaciones como válvula de escape

También veo que las vacaciones de verano son un momento muy esperado y deseado; todo el año esperando este momento de descanso. Esto convierte a las vacaciones de verano en una especie de salvación emocional, porque se proyecta que los viajes van a ser una compensación a todo el desgaste acumulado durante el año. Y, cuando hay alguna cosa que falla, se activa la sensación de fracaso.

En personas con antecedentes de ansiedad y/o depresión, esta carga emocional sobre el descanso puede intensificar síntomas como la irritabilidad, la sensación de vacío o pensamientos negativos. Por eso trabajamos incorporando técnicas de regulación emocional y de autocompasión para permitirnos re-conectar con el momento presente sin juicio.

Y… ¿qué podemos hacer ante esto?

Estas expectativas y frustración ante las vacaciones, realmente representan la punta de un iceberg. Para que emerja, suelen actuar detrás factores personales más profundos, como creencias limitantes, mandatos familiares o sociales, estilos de vida aprendidos, o incluso una propia desconexión con las propias necesidades…

Desde la Terapia Integradora Dendros, abordamos esta experiencia explorando esa parte menos visible del iceberg: historia de apego, roles asumidos en la familia, exigencias aprendidas, la relación con el cuerpo y con el descanso… Todo esto, lo trabajamos mediante la integración de técnicas de psicoterapia emocional, corporal y relacional, que nos permiten poder acompañar desde una visión más profunda cuidada y adaptada a la individualidad de cada persona.

Al final, la idea no es que nuestras vacaciones sean perfectas, sino que puedan ser propias. Más conectadas con lo que uno realmente necesita, y menos con lo que se espera de fuera.

 

Rocío Gago

Psicóloga

 

 

Referencias bibliográficas:

  • Bloom, J., Geurts, S.E., Kompier, M.A.J., et al. (2010). Effects of vacation from work on health and wellbeing. Work & Stress, 24, 196-216.
  • Hossain, M.I., Oppewal, H., & Tojib, D. (2023). High expectations: how tourists cope with disappointing vacation experiences. Journal of Travel Research, 62(5), 989-1009.
  • La Nación (2025) “Ansiedad en las vacaciones: cómo tratar el “síndrome del ocio”. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=Rb8dKiGbnrY
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