Cada 1 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Personas de Edad, una fecha que nos recuerda la importancia de reconocer la dignidad, los derechos y la contribución de las personas mayores. Pero también puede ser una oportunidad para detenernos y mirar esta etapa de la vida con más atención y cercanía, también desde la perspectiva de la psicología y la salud mental.
¿Cómo imaginamos la vejez quienes todavía no hemos llegado a ella? ¿Qué se siente al empezar a reconocerse en esa etapa? ¿Cómo la viven quienes llevan años recorriéndola? ¿Y qué aprendimos de las personas que ya no están, pero dejaron en nosotros el recuerdo de cómo vivieron sus últimos años?
Envejecer es transitar cambios
Últimamente hablamos de la soledad no deseada, la dependencia y las necesidades asistenciales que pueden aparecer con la edad. Son realidades importantes, pero no resumen por sí solas lo que significa envejecer.
Esta etapa también implica cambios en la identidad, las relaciones, las rutinas y la manera de imaginar el futuro. Algunos son elegidos y otros llegan de manera inesperada. Algunos se viven con ilusión y otros requieren tiempo para ser aceptados y elaborados.
Pensemos, por ejemplo, en el primer día después de la jubilación. De pronto, desaparecen unas rutinas que durante años dieron estructura a la vida. Ya no se encuentran los mismos compañeros ni se ocupa el lugar habitual, y aparecen unas horas en el día que antes parecían faltar.
Para algunas personas, ese momento puede representar descanso, libertad y la oportunidad de recuperar proyectos aplazados. Para otras, puede implicar desorientación, pérdida de reconocimiento o la sensación de que una parte importante de su identidad ha quedado atrás. Y, muchas veces, ambas experiencias conviven: se puede disfrutar del descanso y, al mismo tiempo, echar de menos la rutina; sentir ilusión por lo que comienza y tristeza por lo que termina.
La jubilación, los cambios físicos, la pérdida de seres queridos o la necesidad de recibir ayuda no suponen únicamente circunstancias nuevas a las cuales adaptarse, sino que también pueden surgir preguntas importantes como: ¿quién soy ahora?, ¿qué deseo conservar?, ¿qué necesito dejar atrás?, ¿qué lugar quiero seguir ocupando?, ¿qué deseo hacer con esta etapa de mi vida?
Envejecimiento y salud manteal: una mirada desde la psicología
Desde una perspectiva terapéutica, transitar esta etapa no significa evitar las emociones difíciles ni quedar atrapados en ellas. Significa poder reconocerlas, expresarlas e integrarlas.
Sentir tristeza, miedo, incertidumbre o desorientación ante determinados cambios no implica necesariamente la existencia de un problema de salud mental. Estas emociones pueden formar parte de un proceso de adaptación. Es posible necesitar tiempo para despedirse de algunos roles, adaptarse a nuevas circunstancias y encontrar otras formas de participación, vínculo y sentido.
Vivir esta etapa implica hacerse estas preguntas sin apresurarse a encontrar las respuestas. No se trata de exigir un envejecimiento constantemente activo, positivo o productivo, sino de encontrar una forma propia y significativa de vivir esta etapa.
Revisar la propia historia puede ser reparador. Mirar atrás no significa quedarse atrapado en el pasado, sino reconocer lo vivido, comprender las pérdidas y recordar los recursos que ayudaron a afrontar otros momentos difíciles. Puede permitir integrar las distintas etapas de la vida y comprender que, aunque algunas circunstancias hayan cambiado, la identidad no desaparece.
Desde la psicología, acompañar esta etapa requiere encontrar un equilibrio: no convertir cualquier malestar en un trastorno, pero tampoco minimizarlo o atribuirlo automáticamente a la edad. Es necesario escuchar qué expresa ese malestar, cuánto tiempo lleva presente, cómo afecta a la vida cotidiana y qué necesidades pueden encontrarse detrás.
Es importante prestar especial atención cuando aparece un aislamiento creciente, una pérdida persistente de interés, el abandono del autocuidado, alteraciones importantes del sueño o el apetito, sentimientos constantes de inutilidad, desesperanza o expresiones relacionadas con no querer seguir viviendo. Estas señales no deben normalizarse por razón de la edad y requieren una valoración profesional.
La Organización Mundial de la Salud (2026) advierte que los problemas de salud mental de las personas mayores continúan estando infradiagnosticados e infratratados, y señala la soledad y el aislamiento social como importantes factores de riesgo.
El acompañamiento psicológico puede ofrecer un espacio para expresar emociones que a veces no encuentran lugar en otros contextos. Puede ayudar a elaborar los duelos, adaptarse a los cambios, cuestionar creencias sobre la edad y recuperar formas de participación y sentido.
No se trata de borrar la tristeza ni de imponer optimismo. Se trata de acompañar a la persona para que pueda integrar los cambios sin que estos oculten su historia, sus deseos, su capacidad de decisión y todo aquello que continúa siendo.
Porque envejecer no significa dejar de ser, sino encontrar nuevas formas de seguir siendo.
Referencias
Barbosa, L. M., Monteiro, B., y Murta, S. G. (2016). Retirement adjustment predictors – A systematic review. Work, Aging and Retirement, 2(2), 262–280. https://academic.oup.com/workar/article/2/2/262/2428266
Naciones Unidas. (s. f.). Día Internacional de las Personas de Edad. Recuperado el 24 de septiembre de 2026, de https://www.un.org/es/observances/older-persons-day
Organización Mundial de la Salud. (2026, 20 de julio). Salud mental de las personas mayores. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-of-older-adults
Fátima Zarfani
Psicóloga General Sanitaria